lunes, junio 23, 2014

Diario Mundial: días 6, 7, 8 (epaaaa!!!, no, mentira ya no sé qué días vamos) Sábado, domingo y lunes.

Sábado.

El colectivo nos depositó en Juiz da Afora (o algo así) llegamos a la noche. El bondi hacia nuestro destino salía a las 6 de la mañana e hicimos noche una especie de Hotel/telo llamado Pepita.
Llegamos a Belo Horizonte a las 10:30 de la mañana. Nos cruzamos con un par de argentinos muy pelotudos, esa sería una constante durante todo el viaje.
Con Serginho y Fernanda ya íbamos 2 goles arriba. Ahora faltaba que Argentina hiciera el resto. Pusimos nuestras blancas piernas en Belo Horizonte. La ciudad nos pareció muy bonita y más real. Es diferente el Brasil costero al Brasil más profundo. Notamos qué éramos muy locales pero muy visitantes. Por primera vez nos bardeaban, nos hacían sentir que estábamos realmente en su casa. Nos tomamos el metro con destino al Fun Fest. Nos imaginábamos un lugar abierto, alegre y sin restricciones como el que vivimos en Copacabana. Fue todo lo contrario. Avanzamos hacia la entrada y notamos que nuevamente había controles y muy estrictos. Y nuevamente, nuestras caras de boludos y nuestra viveza nos hizo sortearlos. No sé cómo pero entré no una sino dos botellas de fernet. Era tan ridículo el control que hasta nos requisaron, nos palparon (que no se malinterprete, eh?) Tres a cero para nosotros.
                                                Fun Fest, antes que nos invitaran a irnos

Finito perdió el jarrito de metal en el control pero ingresamos. El lugar era una mierda. Faltaba una hora para el partido y en el lugar había como mil policías, guardias de seguridad y militares, y adentro había no más de doscientas personas. Era una especie de complejo Feriar, cerrado. Había stands de Coca Cola, de Sony, de Brahma, de Telefonía móvil, juegos de diversión, promotoras, un ambiente de lo más pelotudo y que no era lo que queríamos para ver un partido de Argentina. Antes de tomar la decisión de irnos o quedarnos, compré una coca y me metí en el baño a preparar un fernet que haría las veces de desayuno.
Dos minutos después, contento, llamé a mi madre para contarle lo feliz que estábamos por haber llegado a destino y por haber podido pasar un fernet. Mientras hablaba dos monos gigantes nos dijeron “abran las mochilas”. “Un momentito por favor”, dije levantando el dedito. “Chau, ma, nos vemos, saludos a todos”. Abrí la mochila y volví a apelar a mi cara de boludo, saqué todo, el estuche de la cámara, las ojotas, el repelente para mosquitos. “El otro bolsillo”, dijo el gigante. Cagamos. “Ah, perdón, no sabíamos que no se podía entrar con dos botellas de fernet”. En ese momento pensé que los patovicas nos iban a retorcer el brazo, moler a golpes, atar a una cama, picaneranos, decirnos en su extraño idioma “¡decime quién te manda, decime quién te manda!” Pero no. Por suerte nuestras caras de salames sirvieron. Nos propusieron ir a guardar las botellas al auto y volver, que no nos fuéramos, que estaba todo bien pero no se podía ingresar con eso”. Los huevos fueron descendiendo nuevamente a su lugar de origen, agradecimos, y nos fuimos. ¿Y ahora qué? Estamos en una ciudad que no conocemos, en una calle cualquiera, no entendemos un ocote y faltan 30 minutos para el partido. Parada estratégica en el puente para redefinir los planes. O nos vamos para el Mineiraõ para verlo en algún lugar cerca o nos vamos a no sé dónde. Un viejo nos sugirió que fuéramos a Savassi, el barrio donde viven los chetos universitarios, la burbuja donde la policía permite que el ciudadano bien pueda tomar alcohol en la calle, echar moco, hacer de las suyas. Clásico. Estábamos en Nueva Córdoba.
Ya era la una. Escuchamos el himno. El pecho se infló y corrimos hacia la música de todas nuestras edades. Cincuenta argentinos y brasileros y brasileras con la camiseta argentina tarareaban la música de un hermoso himno al que nunca le cantamos sus estrofas. Argentina alienta hasta a al himno. Eso dice cosas. ¿Será que a veces no escuchamos pero alentamos, hinchamos e inflamos algo por puro sentir? Me siento orgulloso de eso.
Vimos el partido con los chetos argentinos y brasileros. Había un bombo con redoblante. Le cantamos las canciones de nuestro renovado cancionero de selección a una pantalla de tv. Esta es la banda loca de la Argentina / la que de las Malvinas nunca se olvida / la que da la vida por los colores / la que le pide huevo a los jugadores / para ser campeones. Gracias a dios que renovamos nuestro aliento. El vamos, vamos Argentina y lo de la hinchada quilombera necesitaba un descanso.
                  Copando las calles de Savassi. De fondo, una publicidad con la cara de Nico Fassi.

No sé qué habrán dicho los Niembros, los Vignolos, los Latorres o los Apos (¡por D10s, Apo!) pero desde acá se vio lo mismo que desde allá: no jugamos bien. Irán metió jugadores, habitantes, terroristas, torres de petróleo, barricadas y armas químicas y de destrucción masiva en su área. No pudimos entrar. Las jugadas de peligro eran muy esforzadas o de pelota parada. Creo que Sabella hizo bien en sacar a Higuaín y Agüero. Generaron poco y no se movieron. Palacio y Lavezzi, en los pocos minutos en cancha, le dieron algo de refresco a la delantera. Golazo de Messi. Ganamos de pedo ¡pero qué lindo que es ganar sobre la hora! ¡Y en Brasil! Se gritó como nunca. En las calles y en el estadio. Tomen manga de putos. Se le gritaba a Brasil, en tu cara y en tus canchas. Creo que al equipo le falta alguien que pegue dos gritos adentro de la cancha. Me gustaría que lo hiciera Messi, no por la comparación con el Diego, porque el Diego es único, sino porque tiene la 10 en la espalda y porque es el capitán. Pero que alguien grite, por favor, Mascherano, Fernández, Romero o Marcos Rojo, pero que alguien haga reaccionar al equipo cuando juega como flogger.
El gol de Messi sería lo último bueno que nos pasaría de allí en adelante. Todo lo que seguiría iría en una curva descendente.
¿Y ahora qué mierda hacemos? No existen los locutorios y es muy difícil encontrar un cyber. Deambulamos por una hora esperando no sé qué. Fantaseamos con encontrar a algún argentino que nos llevara hasta Río, hacer noche en la playa y a la mañana volver a nuestra segunda casa. En un momento, con un dolor de cabeza y cuerpo horrible, cansados del trajín de mudar todos nuestros bolsos a pata, por subidas y bajadas, durmiendo para la mierda en los colectivos, nos sentamos en el cordón de la vereda como 20 minutos, casi sin pronunciar palabra. Decidimos ir a la terminal. Eso tampoco era tan sencillo. No es fácil comunicarte con la gente, por lo menos para nosotros. Una mina nos ayudó, se subió al bondi y nos hizo entender que ella iba para la Rodoviaria. Mortal. Viaje en bondi. La terminal estaba repleta de argentinos, tirados, durmiendo en cualquier lado, borrachos, hechos mierda, como nosotros. Sí, claro, hay pasaje para Río, sale a la una menos cuarto de la mañana. Son las seis de la tarde.
“¡¿A dónde están a dónde están, todos esos putos que alentaban por Irán?!” retumbó en toda la Terminal de bondis. Vimos el final del partido de Alemania con Gahna. Le dimos una mísera hamburguesa a nuestros cuerpos como para no desmayarnos y tratar de remontar el dolor de cabeza. Tipo 7, al no poder encontrar lugar para ver Nigeria-Bosnia, nos tiramos en el piso y dormimos más de cuatro horas. Parecíamos aquellos jóvenes de pelo largo en los primeros Cosquín Rock. Aquellas jornadas en las que le presté al Maxi $17 para su entrada; hoy estamos hablando, al cambio actual, no quiero exagerar, de unos 14 mil pesos. Sé que nunca cobraré aquella deuda.

El colectivo salió una hora más tarde, casi a las 2 de la mañana. Seguíamos en un tobogán sin final.

Domingo: volver a casa (Pity Álvarez)

Volvimos con un montón de argentinos en el colectivo. Los porteños siguen siendo igual de pelotudos que siempre.
Fuimos a la ventanilla de Costa Verde, la empresa que nos traería a Paraty. La negra nos miró y nos dijo que había bondi a las 9:30. Espectacular. Parecía que las cosas empezaban a mejorar. Eran las 8:30 y por primera vez podíamos meter un colectivo que nos calzara justo. “Si le mete pata capaz que llegamos a ver Bélgica-Rusia”, especulé.
Encontramos el único locutorio existente en Brasil y pude hablar con mi vieja y con la Alichu. Finito lo mismo. Bueno, vamos yendo a la plataforma. Eran las 9:15. Nos sentamos, esperamos. Se me ocurrió mirar el pasaje: tenía el numerito 9 impreso. No puede ser. Fuimos, preguntamos. “Noivi en punto” decía la mina. Se fue el bondi. Bueno, ubicame en el que sigue. “Noivi en puncho”, repetía. La puta madre. Ponele que no te entendí, pero tengo un pasaje que no usé, poneme en el que sigue. No, que no se puede, que el sistema no sé qué. La puta madre que te parió. Fui al mostrador de informaciones a quejarme, después al de la comisión de transporte de la concha de la lora. Todos se lavaron las manos. Tuvimos que pagar otro pasaje. No podía ser que algo nos saliera bien. El gol de Messi iba quedando cada vez más lejos.
Es increíble cómo el cuerpo se va acomodando a la situación. Cosas básicas como comer, cagar o mear pueden suspenderse mucho más tiempo del que uno cree. Ni qué hablar de bañarse o lavarse los dientes. Nos hubiera consolado sacarnos ese aliento horrible que cargábamos.
Cerca de las 2 de la tarde, heridos y maltrechos llegamos a Paraty. Fuimos a lo de Guada y Lisandro. “Vamos por acá”, dije. Nos confundimos de calle. Uff. Llegamos y, claro, no estaban. Volvimos al camping, ya nada podía seguir empeorando.
Nos cambiamos al camping de Ronaldo y su esposa. Inmediatamente nos trataron como reyes, nos ofrecieron café, y nos sentamos a ver Argelia-Corea del Sur en una pantalla hermosa.
Al terminar el partido encaramos hacia lo de Guada a buscar las cosas. Ronaldo corrió y nos preguntó si no queríamos ir en auto, que él nos llevaba. Qué maestro, Ronaldo. En eso, bocina, Guada con nuestros bolsos. Todo empezaba a mejorar. La curva se modificaba.
Hoy es lunes. Estamos donde queremos estar. Pudimos descansar, cocinar los fideos más ricos del mundo, tomar un vacito de fernet. Nos tratan ya demasiado bien. Escribo estas líneas entre árboles hermosos, insectos, pájaros y algún que otro monito que pasa entre las ramas. Todo vuelve a ser perfecto.
El sábado, con todo el cansancio a cuestas, Alichu me preguntaba via chat si estábamos contentos, porque me notaba mal. Y yo le respondí que había momentos en los que nos sentíamos inexplicablemente felices, como cuando la radio de Serginho nos aturdía, como cuando Fernanda nos llevó por un paisaje mágico, como el abrazo que nos dimos con el gol de Messi, como la sensación placentera de nuestras espaldas cuando nos pudimos acostar en un lugar cómodo, como estar acá, soñando con ser campeones, viviendo lo que soñé cuando era chico y leía mi librito de tapas amarillas, imaginando lo que sería estar en un Mundial. Somos felices de hacer lo que hacemos. Sí, negrita, soy feliz de poder compartir lo que vivimos. Vivimos un sueño y soñamos que vivimos.
Hasta la próxima. 

Diario Mundial: día de 10.

Viernes: rumbo a Belo Horizonte.

El viernes nos encontró con una tenue llovizna, desarmando el campamento y tratando de cargar todos los bultos para llevarlos a lo de Guada y Lisandro. Dejamos el camping Caballo de Mar y a sus inquilinos: un montón de hippies que se la dan de no sé qué. En Paraty, todos los argentinos son cocineros, fotógrafos, expertos en coctelería y amantes de lo mísitico. Me pregunto que sería de nuestro país si todos los cocineros calificados volvieran a su patria (?) Leslie y Vale, dos hermanas que planificaron un viaje por Latinoamérica para vender su arte de Macramé. Decían que querían seguir viaje porque no les gustaba la cultura de Brasil y porque no estaban pudiendo hacer dinero como planeaban. Leslie le decía “medicinas naturales” (o aborígenes, no recuerdo) a las drogas alucinógenas como la ayahuasca o el san pedro. Las cosas por su nombre, Leslie, al pan pan y al vino Pritty. El único honesto en ese camping era Nicolás, alias Mar del Plata. El pibe la tenía clara: “a mi me chupa todo un huevo”. Tiene 20 años, quiere pasarla bien, drogarse y emborracharse en un paisaje paradisíaco. Para eso carga cajones de cerveza por un par de mangos y algo de comida en el bolsillo. Chau Caballito de Mar.
Salimos a la ruta cerca del mediodía. Camiseta de Belgrano para mí, chomba de Instituto para Fino. Vamos a hacer dedo hasta no sé dónde para tratar de llegar a Belo Horizonte. Faltan 24 horas para el partido. No tenemos mapa, no entendemos una mierda lo que nos hablan, pero la selección nos necesita. Los 40 millones nos necesitan. Cargamos una mochilita con un par de ojotas, dos botellas de fernet, repelente contra mosquitos y un jarrito de metal. Vamos bien preparados.

                                                     Con esa cara no te va a alzar nadie

Pasan los minutos y no pasa nada. Especulamos con un tráfico de patentes argentinas, con guasos de espíritu aventurero como nosotros que al ver nuestro pecho patrio nos van a alzar y llevar hasta Belo Horizonte, que van a parar a comprar coca para tomar unos fernandos. Corren, corren los minutos, dice La Mona, y la muerte se aproxima.
Siempre se inicia una suerte de competencia por ver quién consigue hacer dedo y ser alzado. Mientras Finito llenaba el ProDe, yo levanté mi pulgar con la misma convicción con la que Marcos Rojo tiró esa rabona hacia adentro del área, como mandan las fotocopias de los manuales, para despejar contra Bosnia. Y ahí vino, después de casi una hora, nuestro primer golpe de suerte. En una camionetita de esas bien chiquititas, tipo heladerita con ruedas, venía el bueno de Serginho. Un gordo bien piola. “¡Vamos para Angra dos Reis, o para Río de Janeiro para tratar de ir a Belo Horizonte!”, le dijimos. Él balbuceó algo en portugués. No entendimos nada, pero nos subimos.
                                            Adelante, en una de éstas viajamos un trecho del viaje

Apretadísimos, incómodos pero contentos como perro con dos colas, así estábamos. No podíamos parar de sonreír. Estábamos iniciando un recorrido del que no había vuelta atrás. “Serginho, Flores”, vende flores, claro. Es de San Pablo y vende en toda esa área costera. O por lo menos eso le entendimos. En ese momento estaban jugando Italia contra Costa Rica y le pregunté si podíamos escuchar el partido. La radio era una de esas viejas, con el dial manual, de las que da la sensación de que nunca se puede agarrar nada salvo Cadena 3. A todo volumen fue buscando algo parecido a un relato pero no había caso, estábamos en el medio de las montañas, con selva a los costados, atravesando un camino sinuoso hermoso. Fuimos escuchando durante media hora una fritura fuertísima. Ni nosotros, por respeto o por vergüenza, le pedimos bajar el volumen, y ni él, por respeto o por vergüenza, lo bajó. Cada tanto agarraba y escuchábamos algún pedazo de canción. Ahí, sentados tres donde apenas cabían dos, con la pierna izquierda completamente dormida y un ruido ensordecedor saliendo de los parlantes, me sentí feliz.

                                                    Piolaso el Gordo Casero

Serginho nos dijo “acá llego yo”. Le agradecimos y nos bajamos en algún pueblo de impronunciable nombre. Cuando me bajé casi me caigo porque no sentía la pierna. Como dos soldados en guerra, apoyé el peso de mi cuerpo en el hombro de mi amigo. Caminamos diez metros, me di vuelta y alcé el pulgar al aire. Y ahí, cuando no había pasado ni un minuto, frenó un autaso, nuevito, facheraso. “Vamooooo”, grité yo y corrimos como pudimos hacia nuestro nuevo golpe de suerte. Se abrieron las puertas y apareció Fernanda. Una brasilera hermosa que con una sonrisa nos dijo “suban”.
Lo que pasó en las siguientes 4 horas es difícil de contar. Son las limitaciones de mis palabras y del lenguaje en sí, para dar cuenta de sensaciones imposibles de traducir con su justa medida.
Fernanda es médica y bailarina. ¿De qué tipo?, pregunta Finito. Contemporánea. Vaya uno a saber qué es eso. No se puede creer lo piola que es esta mujer. ¿Por qué alzó de la ruta a estos dos crotos con camiseta de Belgrano e Instituto, con pantalones cortos y zapatillas con medias? Sí, zapatillas con medias. Nos habla todo el tiempo y va venciendo nuestra vergüenza de no saber qué decir o cómo decirlo. Por primera vez sentimos que podemos comunicarnos con alguien fluidamente, sin sentirnos unos idiotas por hablar con señas. Ella nos entiende y se hace entender. Nos pregunta qué hacemos, en qué trabajamos, qué nos gusta, de dónde somos. Yo voy sentado adelante y rápidamente comienzo a venderle a ella un Finito hermoso e inigualable. Él es así, sólo que nunca le gustó ese juego de la oferta y la demanda. Le cuento que es poeta, que hace serigrafía, que tiene una cooperativa. Oh, me encanta la serigrafía, dice ella. Me encanta la poesía, dice luego. ¿No me decís alguna?, pregunta. Luego de una rápida y refleja negativa, Finito le recita:

El agradecido soy yo
porque di porque tuve
porque puedo ser de nuevo
Memorizo con una importancia nacional
y escribo en serio de cosas escapadas
traigo conmigo
y a la luz de los hechos
quisiera reecontrarlas

A ver si se entiende
soy un coso que anota
e ignoro de donde estaremos regresados
cuando saquemos cuentas desnudamente
y pongamos en común ciertos estilos
de amar
mudar
dar quebrante.

Aplausos. Hermoso. Finito le recitó un poema y le hubiera recitado el prólogo de la Constitución Nacional si ella se lo pedía. Íbamos con rumbo a no sé dónde, con destino a Belo Horizonte.
A bordo de ese auto tuvimos la sensación compartida desde el sentir y sin decirlo, de que estábamos haciendo un viaje adentro de un viaje. Ella era de oriunda de Belo Horizonte y nos dijo que iba para un lugar que nos convenía para llegar a nuestro destino. Le dijimos que sí a todo, como apostadores sin retorno. El camino es hermoso, dijo, y hacia allá fuimos.
Empezamos a subir, aun más. El paisaje comenzó a venírsenos encima, la postal nos inundaba los ojos. No podíamos creer que estuviéramos ahí, en ese auto, con una persona así, viviendo lo que estábamos viviendo. Cada tanto nos acordábamos de que mañana jugaba Argentina.
Selva, árboles, montañas, animales, túneles, mil tonalidades de verde, los ojos se nos embellecían, la cabeza entraba en una hermosa calma. Íbamos como en una cápsula y adentro sonaba Bob Dylan. De repente ella sugirió hacer una parada técnica y ya no podíamos entender cómo podía ser que todo fuera tan perfecto. Anduvimos un rato y frenamos al costado de la ruta. Ella dijo que acá no, que mejor por acá. De repente nos estábamos metiendo en un camino de tierra, desolado. En ese momento sentí que si ella nos decía “bueno, muchachos, yo ahora les voy a meter un tiro en la espalda y luego robar sus pertenencias”, nosotros le hubiéramos dicho “apuntanos acá, así no salta tanta sangre”. Estábamos completamente entregados a un momento, a una persona.
Nos sentamos los tres en un puente de una via de tren abandonada. Estábamos a mil metros de altura sobre el nivel de nuestras expectativas.
                                               Fernanda, el Finito y un paisaje maomeno

Volvimos a la ruta, anduvimos por lugares que a nuestros ojos les costaba traducir lo que veían. La música de The Doors nos envolvió nuevamente durante una hora. Tanto fue así que en una curva cerrada y en subida, tuvo que clavar los frenos luego de un mal cálculo de la situación. Llamado de atención, aliento para que no se sintiera mal y seguir.
Luego, en algún momento, después de dos horas metidos en esa cápsula, entramos a una ciudad, así, de la nada. Nos llevó a la Rodoviaria (terminal de ómnibus), hizo de intérprete. No había pasajes a Belo Horizonte, nos sacó dos para Juiz do Afora. “Ahí van a conseguir después para Belo Horizonte”. Sí a todo. Después nos dijo que fuéramos a comer algo. Cierto, comer. Eran las 5 de la tarde y no le habíamos metido ningún argumento a nuestros estómagos desde la mañana. ¿Quieren un café? Sí. ¿Quieren algo para comer? Sí. No sé cómo pero terminamos comiendo Cachorro Quenchi, una especie de pancho riquísimo, con café con leche. Nada que ver. Le seguíamos diciendo que sí a todo, sin entender una mierda las consecuencias de nuestras afirmaciones. El colmo fue que se ofreció a pagar. Fino tuvo que imponerse para no permitir semejante cosa.

Finalmente nos dijo que nos iba a conseguir lugar en lo de unos amigos para hacer noche en Belo Horizonte. Ya era demasiado. En la terminal nos despedimos, un abrazo, suerte, nos vemos. La vimos irse, nos miramos y recién ahí pudimos empezar a entender y a charlar todo lo que había pasado. Era viernes. Es lunes, y todavía no entendemos. 

jueves, junio 19, 2014

Diario Mundial: día 7 u 8, ya ni sé.


Es difícil arrancar esta crónica cronológicamente. Si así fuera, debería empezar diciendo que nos vinimos de Angra dos Reis, que encontramos un camping, que empezamos a bajar un cambio por no tener que andar viajando de un lado para el otro, pero la situación impone empezar de atrás para adelante: perdimos un soldado. Nuestro emblema, el capitán, el jugador experimentado, el cabezón Ruggeri, el Perro, el viejo, el Viggo Mortensen de grande, el gordo, el P.E.P., el Kerosene, el Kero, el Ricky Moriena armó los bolsos para emprender el viaje de regreso a nuestro amado país, o sea Argentina.
Anoche, que acá es a las seis de la tarde, estábamos bajando, tocando la guitarra, tomando una cerveza y llegó el mensaje de texto. Falleció la madre que lo parió a este tremendo amigo nuestro. Luego de una larguísima evaluación de todas las posibilidades (colectivo, aviones con mil escalas, fechas de salida, costos, tiempo de viaje, día de llegada y mil más) el Kero decidió volverse en el auto. Esta mañana reordenamos todas las pertenencias. Tuvimos que decidir qué se quedaba y qué se iba. Se fue tras breve deliberación la heladerita, y con ella la posibilidad de enfriar la coca, de guardar el hielo para el fernet. Sin dudas pero con dolor nos desprendimos de la guitarra. Algo de ropa. Disco grande, sin dudas. Cubiertos y herramientas de manejo del fuego, out. Se vuelve una carpa, una mesita y una silla plegable. Se fue un “esquema de felicidad”, como dijo el Fino. Pero lo que más nos duele es que te hayas ido vos, Kero. Perdemos a un grande, pero, como te dijimos antes de irte, vamos a doblegar los esfuerzos, vamos a poner más huevo para traer la Copa. Vamos a dar todo, en serio eh. Cuidate en estos 3000km de mierda que te separan de allá con acá o de acá con allá. Y cuidate allá, eh? Y bueno, irás puntero en el ProDe pero eso va a cambiar. Con un par de triunfos me posiciono en la tabla.
De presente a pasado prosigo.
Hablando del Mundial. Nuestro esquema del día se configura de manera sencilla: nos levantamos muy temprano porque el sol empieza a joder a las 6 de la mañana, los perros que trajeron un par de hippies de mierda al camping ladran toda la noche y son el gallo de la granja. Sus dueños los tienen atados. ¿Por qué sos tan hijo de puta de traer un perro para tenerlo atado? Te chupa un huevo la gente del camping y te chupa un huevo tu perro. Hijo de puta. Bien, entonces eso, dormimos mal y nos levantamos temprano. Mates, mates de vuelta y mates a media mañana. Alguna galletita de agua y la una tenemos siempre el primer partido. Lo vemos en la playa, en alguno de los tantos barcitos que hay. Descanso, generalmente con almuerzo. Partido a las 4. Termina a las 6 y ya es de noche. El día te empieza a pegar con una masa pesada. Baja el sueño, si podemos vemos el de las 7. Cena. Tempranísimo a dormir. Y así.
Con ese esquema estamos en Paraty pero también es así cómo hemos ido estructurando el viaje. De Córdoba a Río paramos a ver los partidos que más nos interesaba (no daba para parar a ver un Costa de Marfil-Japón) Así, vimos los mencionados en crónicas anteriores, Brasil-Croacia (En Entre Ríos), Holanda-España (Estación de servicio perdida en algún pueblo de Brasil a un par de horas de Uruguaiana), Italia-Inglaterra (a unos 100km de Curitiba, yendo a San Pablo) Luego, de Río a Angra dos Reis, Alemania-Portugal. Instalados aquí hemos visto casi todos. Creo que se están viendo lindos partidos. Los Europeos están sacando una linda ventaja, están jugando bien algunos como Holanda, Italia y Alemania. Tremendo triunfo de Chile ayer contra España. La verdad que el partido que jugó Chile fue perfecto. Corrió toda la cancha, le comió los talones al rival, lo cansó y de a poco empezó a jugar hasta vencerlo psicológicamente, hasta demoler a España. Lo demolió. España también cayó con la suya pero creo que fue justamente eso lo que los terminó dejando afuera: ese fútbol de mil pases, de triangulación y de precisión no funcionó. Nadie pateaba al arco, no pudieron plasmarlo contra rivales que los presionaron muy bien y, fundamentalmente, los atacaron bien. España perdió la precisión y con eso la posibilidad de llegar al gol. Párrafo aparte para Casillas. Horrible lo del arquero en ambos partidos.
Alemania es una máquina. Le hizo cuatro a Portugal y podrían haber sido ocho. En contrapartida, un desastre Portugal. Lo mismo para Cristiano Ronaldo. Me cago en Alemania. Espero que suceda algo. La verdad que jugaron un fútbol perfecto y si mantienen ese nivel va a ser difícil que los frenen antes de la final. Holanda le rompió el orto a España jugando muy bien y le ganó Australia cambiando ataque por ataque. El fútbol es el más hermoso y más hijo de puta de los deportes: ayer, cuando iban 2 a 2, Australia se pierde una situación increíble de meter el 3 a 2 y en ese misma jugada, de ese mismo despeje, nace el gol para Holanda. Y a mamarla. Australia es el primer eliminado del mundial y Holanda el primer clasificado. Brasil no convence. Quizás le falto suerte contra México pero los verdesahorarojos también pudieron haberlo ganado. Buen partido del Tri, sin mejicanearla o institutearla, bancando el empate. Vi muy poco de Bélgica, que dicen que puede ser la revelación. Vi sólo el primer tiempo de Francia y no me llamó nada la atención. Le ganaron a Honduras, o sea. Bien Italia con Pirlo conduciendo el equipo. Igual hay que esperar a ver cómo le va. Es Italia, ya sabemos. Y Argentina un desastre, vamos a ver si levanta contra Irán y Nigeria. Hoy veremos a Colombia contra Costa de Marfil. Yo le di victoria por 2 a 0 en el ProDe.
Todos los partidos que he visto han sido por lo menos entretenidos o por lo menos con intensidad de juego, salvo el de Argentina.

Seguimos en carrera, seguimos en Mundial. Hay playa, hay mar, hay lluvia y sol, hay de todo. Seguimos acá con vos, Kero. No dejes de alentar. Hasta la próxima.

                                          ..........cuando un amigo se va............

miércoles, junio 18, 2014

Diario Mundial: día 4 y 5

Palabras clave: Río de Janeiro-Fun Fest-Resaca-Ya ni sé qué día es.

Río de Janeiro  
Jugamos al fútbol al costado de la ruta, terminamos el salame, preparamos un fernet, bailamos cuarteto y armamos nuestro Gauchito Gil para que proteja a todos los cordobeses que viajan a Brasil a ver Mundiales, como nosotros. Faltaban todavía unos 200km para llegar pero ya empezábamos a sentir esa emoción el pecho de estar haciendo algo hermoso e histórico.

                                             Gauchito Gil de los viajeros cordobeses

La ruta hasta Río es increíble, paisajes montañosos, selva y más selva que brota por donde pueda. Da la sensación que casi todo Brasil es así, por lo menos la parte que llevamos recorrido. Llegamos a la inmensa ciudad a la siesta y programamos el GPS para ir hasta el Maracaná. Ahí había cientos de miles de argentinos, argentinos con plata, mucha suerte y entradas. Quisimos estacionar para ambientar un rato pero 100 reales por dejar el auto en una estación de servicio era más que una estafa, un delito asqueroso. Enfilamos hacia Copacabana, donde van los más pobres como nosotros (?) Milagrosamente pudimos estacionar el auto y enfilar hacia el fun fest.
Era la primera vez en cuatro días que podíamos relajarnos si sentir que teníamos que correr una pelota que siempre se nos iba larga. Nos pudimos sacar el calzado y sentir la arena. Preparamos un fernet tras otro. Miles de argentinos y miles de brasileros hinchando por Bosnia, claro. Al fun fest no se podía ingresar con ningún tipo de bebida pero como somos lo más grande que hay vencimos la férrea seguridad: tres postas de guardias de seguridad y un detector de metales. Así y todo ingresamos al predio, no con una sino con dos botellas de fernet, y un jarrito de metal por si las moscas. El partido ya estaba ganado.
Sentí muchas cosas estando ahí adentro. También estaba, estábamos, muy ebrios. Grité el gol de Messi como nunca, se lo grité a un grupo de brasileros que estaba detrás nuestro meta cagarse de risa alentando por Bosnia. Les tiré el vaso de fernet casi vacío que tenía. Grité tanto que cuando dejé de gritar pensé que me iba a desmayar. Mucha tensión acumulada.
Desde aquí se vio lo mismo que desde cualquier parte del mundo: jugamos horrible, MUY horrible. No sé si los jugadores estaban cagados o qué, pero parecíamos un equipo chico. Decí que está Messi. Festejamos, nos abrazamos, y nos agarramos las bolas. También tuvimos tiempo para una breve aparición en los medios venezolanos: Globovisión, cadena de tv nos agarró para preguntarnos por el partido y terminamos diciendo cualquier cosa, que se lo dedico a los brasileros que hincharon por Bosnia, que aguante Chávez, que un saludito para mis hijas y luego bailando un cuarteto atrás del entrevistador. Un desastre. Se lo tienen merecido por gorilas.
Después del partido subió a tocar una vieja, una especie de Mercedes Sosa brasilera que cantaba sentada pero que al parecer es una artista muy popular porque todos sabían sus canciones. Se armó un lindo bailongo. Nosotros somos muy horribles y la verdad que uno se siente intimidado al ver cómo se mueven los brasileros y las brasileras.
Terminamos con un estado impresentable. Buscamos las bolsas de dormir y nos tiramos en las playas de Copacabana, algo que sólo hace la gente con mucho estilo como nosotros.
Lunes: Mucha resaca. Pudimos cambiar nuestro dinero por dinero de ellos. Nos cuesta comprar comida, nos cuesta porque es cara. Estamos en Copacabana, que es como estar en Punta del Este, Pinamar o Cruz del Eje, así de top. Nos subimos de vuelta al auto para huir de la ciudad. 

Ahora nos vinimos para Angra dos Reis, un pueblo o ciudad montañoso, con mar y todo. Oscurece muy rápido, a las 6 ya está de noche y eso te mata. Escribo esto en una pieza de un hotel bastante croto. Los muchachos duermen. Tenemos ganas de encontrar algún lugar para armar campamento y dejar de viajar un rato. No hay internet donde estamos y en algún  momento subiré todas estas palabras tan desordenadas y caóticas. 
Ya se vienen más crónicas. Ahora que estamos más tranquilos. 

martes, junio 17, 2014

Diario Mundial: día 3 y 4.


Ha pasado mucho y tanto. El sábado arrancamos la jornada a eso de las 8 de la mañana. Desayunamos y partimos. Fino viene pagando todo porque nosotros no hemos cambiado nuestro dinero. Es un placer estar subvencionado. A los 30 kilómetros paramos en una estación de servicio a parchar la cubierta de ayer. El arreglo nos pareció por lo menos sorprendente, culturalmente hablando. Uno esperaba que sacaran la llanta, que le pusieran un parche a la cubierta, que siguieran el procedimiento de un simple arreglo. El tipo en cambio le hizo un hueco, mandó el clavo para adentro y le puso un pedacito de cuero. Listo, son 20 reales. La puta madre, unos 100 mangos para arreglar una neumático.
El paisaje es increíble. Tierra roja, sierra, selva, verde, miles de tonalidades de verde, humedad, barro, son miles de postales que uno quiere retener, apretarlas con el puño de las manos mis ojos. Mientras viajábamos pude escribir algo: Es nuestra tarea evangelizadora, que se den cuenta que en Córdoba está el carnaval, algo que el periodismo y la policía no entienden. Es muy placentero estar escribiendo en este momento. El auto va sereno por una ruta muy verde, con vegetación explosiva, con un paisaje hermoso que parece que se te viene encima, te baña. Siento como si viniéramos adentro de una cápsula, el aliento todavía presente de los últimos mates, la musiquita al volumen justo, la mirada placentera y tranquila del disfrute. Y la posibilidad de que los dedos se muevan solos, las manos como continuación de la mirada.
Es imposible retener todas las cosas y cositas que van pasando, todo lo que de una manera u otra nos llama la atención.
Almorzamos el salame revolucionario con un poco de pan y queso untable y cambiamos el volante. Kero se pudo relajar, Finito durmió y yo manejé como cinco horas. La ruta es hermosa y larga e interminable y en constante obra. Los camiones manejan con todos los códigos, se tiran a la derecha, te indican cuando pasar con los guiños, se tiran a la banquina si es necesario, igualito a los camioneros nuestros. En cambio los automovilistas manejan para la re mierda, hacen maniobras horribles todo el tiempo, todo-el-tiempo.
Escuchamos el triunfo de nuestros hermanos  costarricenses ante Uruguay por radio. Fue una experiencia culturalmente enriquecedora. Al principio no entendíamos nada pero a medida que el partido progresaba le íbamos agarrando la mano al idioma.
Hemos comenzado un ProDe interno. Finito, rememorando su vieja organización de ProDeCoop. Y mirá lo que es el fútbol, su magia, lo impredecible, lo sorprendente y la posibilidad siempre latente que el más débil o el más muerto pueda ganar: va puntero el Kero con 4 puntos (metió un pleno en Italia 2 – 1 Inglaterra y el triunfo colombiano) Fino y yo sólo sumamos 1 punto con Colombia. No sabemos cuánto salió Costa de Marfil, lo cual podría mover la tabla. Ahora nos aprestamos a llenar una nueva fecha. Hoy tenemos Suiza-Ecuador, Francia-Honduras y Nosotros-Bosnia.
Nos perdimos en Curitiba pero finalmente encontramos nuestro rumbo. Oscurece muy rápido, a las 6 de la tarde ya es de noche y la jornada empieza a pesar el doble. A las 7 hicimos nuestra parada estratégica a ver el triunfo italiano ante los piratas saqueadores. ¡Lo que juega Pirlo, por dios! El viejo la rompió, manejó los hilos del partido a su antojo. En la estación cenamos algo y nos cruzamos con chilenos y argentinos. Produce mucha emoción ver las patentes argentinas en todos lados, cruzarse con guasos que están haciendo la misma locura que nosotros, viajando hace varios días para cumplir su sueño. Bocinazos, aliento, cantitos y nos vemos en Río.
Después del partido el Kero metió un tirón impresionante de casi 3 horas con la infaltable lluvia y su correspondiente neblina para dejarnos a un pasito de San Pablo. Dormimos en un hotel al costado de la ruta y hoy a la mañana nos despertamos a las 7.30, salimos a la ruta, llegamos a San Pablo y, por supuesto, nos perdimos. Todavía estaban latentes las palabras del Fino: “esta vez no nos podemos perder, apenas veamos una estación de servicio nos paramos y preguntamos”. Con GPS y todo nos perdimos. Hasta que apareció un guaso del cielo que nos dijo “voy para aquel lado, ¡síganme!”. Nos metió en la ruta, hizo un par de kilómetros con nosotros y luego, en el medio de la autopista bajó la ventanilla, nos dio una última indicación y nos dijo “ojo con Río, muito peligroso”. Gracias, papá. Somos cordobeses, de la ciudad del cuarteto, de la tierra del tunga-tunga, y el martes encaravanados otra vez, hay que lustrar los pepés porque a Río nos vamos. Eso.

Estamos arriba del auto, suena La Mona, Río está cada vez más cerca. Aguante Argentina la puta madre que los parió. 

sábado, junio 14, 2014

Diario Mundial: día 2

Se van a arrepentir de habernos dejado entrar. Lo decimos nosotros, fuera de todo slogan publicitario.
Nos levantamos cuando nos levantamos. Un desayuno discreto, agua en los termos y a recorrer Paso de los Libres en busca de un par de cosas necesarias: garrafita de gas, mate cosido para Guada y Lisandro, algún medicamento y adquisición de reales.
En la frontera argentina nos dijeron “suerte muchachos, vuelvan con la Copa. Argentina está orgullosa de ustedes y el espírtu de 40 millones los acompañará en esta travesía”, o algo así. Cruzamos el puente que divide los países alentando, cantando con La Mona, felices de estar haciendo este viaje. Pusimos cubierta en tierra brasilera y los policías de aduana nos mandaron de vuelta a Corrientes porque si bien nuestro seguro estaba en regla no reconocían al representante del seguro en Brasil. Hijos de puta. Volvimos a nuestro país. En una oficinita húmeda, con huellas de tierra roja, nos hicieron un seguro por un mes para poder circular en el país vecino. Doscientos cinco pesos y ya. Nos quedamos con ganas de presentar una queja en el consulado e iniciar un conflicto diplomático pero no teníamos tiempo. Ya van a tener suficiente escarmiento cuando les ganemos la copa. Pequeña venganza: pasamos dos salames de la Colonia en contra de todas las leyes. Somos unos rebeldes importantes.
Ayer llovía y hoy también. Comenzamos la travesía por el Brasil profundo. Elegimos una ruta interna en discreto estado, con muchos camiones pero poco tránsito vehicular. El paisaje es similar al litoral argentino, mucha llanura, humedad, algo de agricultura, pocos pueblos en muchos kilómetros y muchos arroyos, ríos y riachos. Cruzamos uno bastante imponente llamado Ibicuí. La Mona le cantaba al carcelero, a la marginalidad y a los gordos bolús. Un maestro.
En Sao Borja llenamos el tanque del auto y el nuestro: un par de pedazos de pan, mayonesa, algo de queso y el salame revolucionario. Unas jarritas de ferne y ya estábamos haciendo patria cordobesa. Todos hablan en brasilero y el idioma cordobés no es muy entendido.
Hemos decidido hacer nuestras paradas para ver los partidos. Ayer vimos Brasil-Croacia y hoy frenamos a ver España-Holanda. En una estación de servicio nos acomodamos y en menos de media hora pasaron no menos de diez argentinos, o porteños. ¡Qué lindo es el fútbol, carajo! Al final del primer tiempo empataban 1 a 1, en el segundo Holanda fue imparable un gol tras otro y no paraban. Orteada inapelable: 5 a 1 y pudieron haber sido más.
Mientras escribo esto estamos atravesando una oscurísima ruta. Las luces alumbran para cualquier lado y vamos a tener que parar en el primer rastro de civilización a regularlas. No para de llover. Nuestro destino de hoy es Passo Fundo. Mañana deberemos avanzar a buen ritmo. El partido es el domingo y no vemos las horas de estar ahí.

Se van a arrepentir de habernos dejado entrar. 


Crónica post crónica:

Al terminar las palabras el camino se puso más y mas oscuro. La ruta se puso pesada y una tormenta tremenda nos acompaño durante dos horas larguísimas de viaje. La pericia al volante de nuestro experimentado Kero hizo que sortéaramos la prueba con todo éxito. Luego, cuando la tormenta comenzó a amainar nos dimos cuenta que aquel pozo asesino que habiamos agarrado 30km atrás había tenido sus consecuencias: una cubierta pinchada, balizas, gato y auxilio. 
Es casi la una de la mañana del ahora sábado. Ya estamos en Passo Fundo. Ahora a descansar un poco. El festejo cumpleañero debera esperar. 

viernes, junio 13, 2014

Diario Mundial: día 1

A las once y media de la mañana pisamos la Avenida Sabattini rumbo a Brasil. Un pedacito chiquito en toda la ruta hasta el destino. Agarramos la ruta 19 y fuimos atravesando provincias. Primero Santa Fe, Entre Ríos y ahora Corrientes. También fuimos pasando por todo tipo de climas: un frío horrible, viento, oscuridad luego lluvia, luego viento, más lluvia y ahora calor. Debe haber 400% de humedad en Paso de los Libres.
Hicimos una parada de 10 minutos en San Francisco para ponerle unos sanguches de milanesas a los estomagos. Luego descansamos una hora en Viale, Entre Ríos, para ver un pedazo del robo brasilero a la pobre Croacia. Un café y a la ruta nuevamente. Me tocó manejar desde Concordia hasta la frontera.
Son las doce y diez de la noche y hemos decidido descansar nuestros motores en el Hotel Scorpio: habitación triple, una cucheta y una cama matrimonial. Finito mira la paliza que los Spurs le están pegando nuevamente a Miami. Kero intenta recomponerse de su estado de sinusitis. Yo escribo, cansado, con las piernas pidiendo un cambio y el espíritu viajero intacto.
Mañana partiremos hacia tierras brasileras. Cambiaremos a precio de usura nuestro dinero y pisaremos fuerte, como locales, como debe ser.
Ya es trece de junio.
Ya soy más viejo, y también más joven.
Ya estamos en el Mundial.

jueves, junio 05, 2014

Diario Mundial. Día -6

Fiebre amarilla

Diario Mundial. Día -6.
Ayer, en pleno horario laboral, con mi ropa de fajina, mis pantalones de laburante que me hacen sentir un poco más hombre, metí una gambeta digna del mejor burrito Ortega. Cintura endiablada, amague para un lado y salida para el otro: me fugué, sin aviso previo, y modifiqué mi itinerario. Trabajo en la calle y puedo hacerlo. Igualar mi maniobra con una gambeta del burrito es poco menos que una falta de respeto para con el burrito. Así fue como hice cola en una dependencia del Ministerio de Salud de la Nación para aplicarme la vacuna contra la fiebre amarilla.
Mientras aguardaba en la fila trataba de determinar quiénes de los que estábamos ahí tendríamos el mismo destino brasilero. Luego de un rato, al superar la timidez de los que no se conocen, empezamos a charlar en la cola. Un grupo de tres guasos partían este viernes hacia Brasil en un motorhome. Eran siete más el chofer. Tremenda organización, hermoso plan. Otro pibe se iba con la familia en auto. Un guaso partía el miércoles en bondi con una empresa de turismo. Un padre con su hijo se iban en avión. Todos teníamos algo en común: ninguno tenía entrada.
Nos advirtieron un par de cosas, me pincharon el brazo y salí. Ahora estoy protegido por diez años contra esa tal fiebre amarilla y ese mosquito de mierda que la transmite. Más tarde me enteré que no es obligatoria y que sólo los que viajen al nordeste la necesitan. Nosotros no iremos hacia allí pero quién sabe. Quizás terminamos en el medio del Amazonas, viviendo con una tribu de nombre impronunciable, rezándole a dioses confusos, comiendo tucanes, enfrentando leones, fumando de la misma que fumó Castañeda con Don Juan. Quizás me la pase tirado en una playa mirando las chicas pasar pero igual no descarto nada.
Mientras escribo esto Careca acaba de estrellar un tiro en el travesaño del Goyco. El Diego ya ha recibido varias patadas ante la pasividad del árbitro y Bilardo ya salió del banco a dar una indicación y acomodarse las champas. Fox Sports está pasando los octavos de final del Mundial del 90. ¡Cuántos recuerdos! ¿Será una señal? ¿Será que les ganaremos con toda injusticia a los brasileros? ¿Será que Messi, con el tobillo destrozado, se vestirá de héroe y le dará un pase tras tremenda jugada a un delantero de los nuestros para marcar el 1 a 0 inamovible? ¿Será que alguno de nuestros jugadores pueda sentir, o mejor dicho hacernos sentir, la camiseta como lo hacía el Diego? ¿Quién sería el Cani de este equipo? ¿Higuaín? No, Higuaín no. ¿Agüero? Tampoco. Quizás el boludón de Di María esté cerca de ser uno de esos jugadores que encara sin pensar. Mientras pienso estas boludeces los brasileros acaban de meter dos tiros consecutivos en los postes. Se deben querer matar. Branco todavía no lo sabe pero en algún  momento va a tener sed y ese trago pesará en su estómago. Los alfileres bilardistas brillarán en el medio de la cancha.
¡Qué grande el Diego, defendiendo de cabeza en un tiro de esquina brasilero! Burruchaga también era de los buenos. Pero en este partido se la pasó defendiendo. La verdad que ese equipo de Argentina daba ocote pero corrían todos. Yo lo único que pido como hincha es que den todo y ahí creo que está la diferencia con los jugadores actuales: no les creo nada. Son buenos, muy buenos. Tienen habilidad, rapidez, fama y dinero pero es difícil creerles. No hablo de la selección, hablo de los jugadores en general. Burruchaga le acaba de meter una linda patada a Ricardo Rocha y acto seguido mete un buen tiro desde afuera del área. Taffarel al corner. El pelotudo de Marcelo Araujo anuncia que entra Calderón por Troglio. Ni me acuerdo de Calderón pero se me hace que es un cambio defensivo.
Esta crónica desordenada, caprichosa y vomitiva terminará con el gol de Caniggia. Brasil patea su vigésimo corner errando un nuevo cabezazo. Las cámaras se posarán en una siempre rubia con camiseta amarilla en la tribuna tapándose la boca con gesto de sufrimiento. No te das una idea cómo te va a quedar la carita mi amor en un ratito. ¡Dejen de pegarle al Diego hijos de puta! Ya van a ver, ya van a ver. Patada artera desde atrás. El árbitro bien, gracias. Ni amarilla. Lo silban al Diego los tanos. Ya van a ver ustedes también. No se dan una idea cómo la van a tener adentro en un par de días. Me gusta el Vasco Olarticoechea, Ruggeri también. Bien Simón y el Goyco, claro. No sé qué habrá  visto Bilardo en jugadores como Basualdo, Monzón o Dezzoti. Parece que va a entrar Paulo Silas. Él no lo sabe pero en algún momento va a ser ídolo en San Lorenzo, con goles olímpicos y todo. Atentos. La agarra el Diego en la mitad de la cancha, engancha, se saca a uno de encima, ¡a otro! ¡a otro! ¡La cruza para el Cani! ¡Sí, sí, sí, lo pasa al arquero y…. goooooooooooool! ¡¡¡Gooooooooooooooooooooooooooooooolllllllllllllllllllllllllllllllllllllll argentinoooooooooooooooo!!!
Argentina 1 – Brasil 0.

Buenas noches. Buenos recuerdos.






sábado, mayo 31, 2014

El Diario Mundial. Día -11



Lo anuncian con una gran placa: TN ya llegó a Brasil. Y ahí está el boludo de Sergio Gendler, sonriendo, contento por acudir a una nueva cita mundialista. No es para menos. Ir a un Mundial debe estar buenísimo. 
La primera frase de este texto iba a decir “Lo anuncian con bombos y redoblantes”, pero TN es demasiado gorila para anunciar algo con esos instrumentos tan populares de percusión. No sirve para nada lo que estoy diciendo, pero lo quería decir. Ellos están en Brasil y nosotros estamos todavía acá, pero nos hemos puesto en movimiento. 
Este sábado soleado cordobés fue el escenario de nuestra nueva juntada de planificación, la tercera desde que decidimos emprender el viaje. Esta vez fue más productiva. En la primera comimos un asado, cantamos, alentamos, nos emborrachamos y nos envalentonamos pensando en que íbamos a pegarle a los hooligans. En la segunda nos comimos un alto guiso por quince peso, nos emborrachamos, fantaseamos con coparle la parada a los brasileros, en levantar la copa, en recostarnos en la playa pensando en que éramos los mejores del mundo. La única certeza de esas dos primeras juntadas era que íbamos a salir el miércoles 11 de junio rumbo a Reconquista, Santa Fe, hacer noche y salir rumbo a Misiones para cruzar por ahí hacia Brasil. Este sábado de tallarines caseros con salsa nos encontró más lúcidos, con menos días en el calendario para boludear, y, también, con más ganas de tener certezas. 
Ahora cambió el recorrido. Iremos hacia Santa Fe, pasaremos por Entre Ríos y cruzaremos la frontera por Uruguaiana. Saldremos ese miércoles a las seis de la tarde. Habrá que ver dónde hacemos noche. El jueves y viernes serán dos días claves para viajar a con ritmo sostenido. Estaré cumpliendo años en alguna parte de Brasil. 
Creo que la planificación ha llegado a otro nivel. El primer paso lo dio Finito. Me llamó hace unos cinco días: 
- Compré tres cajas de fernet –dijo contento, decidido. 
- Tres cajas, bien hecho. 
- Trescientos y algo de pesos cada una, o sea que cada botella nos quedó a cincuenta y dos pesos. 
- Ta re bien. Bien hecho. 
- Gracias. 
Tres cajas, dieciocho botellas. Fin de la polémica*. 
Llevaremos un disco grande y uno chico para cocinar lo que sea y, si la situación lo permite, para vender algunos platos. Parrilla, una cruz (sí, una cruz)  para asar algo con fuego, heladerita, herramientas, la guitarra, sombrilla, carpas, bolsas de dormir, equipo de mate y un montonazo de giladas más harán que viajemos apretados, apretados pero con todo lo que haya que llevar para hacer nuestra estadía más feliz y sustentable. 
Faltan once días, casi nada. Será un miércoles el que nos vea partir. 

* La Polémica era si había que llevar dos o tres cajas. 

miércoles, mayo 28, 2014

Diario Mundial: día -15


Faltan quince días, o sea dos semanas, o sea poquísimo. Dos semanas para el inicio del Mundial y el inicio de nuestro viaje. La salida está pautada para el día 11 de junio. Nuestros familiares, amigos y seres queridos (?) nos irán a despedir, correrán al costado del auto como si fuera un tren partiendo de la estación, las enamoradas darán un suspiro, mamá llorará, papá pensará que estamos locos, Castelli ladrará y nosotros sentiremos que estamos a bordo de la motocicleta revolucionaria del Che. El fútbol es un territorio de exageraciones literarias, claro está.
No sé a ciencia cierta en qué parte de Latinoamérica estaremos el 13 de junio. Ese día festejaremos mi cumpleaños donde el itinerario lo marque. Al costado de la ruta, en un parador inhóspito, en una ciudad gigante y desconocida, en una estación de servicio de mala muerte o en la casa de algún extraño en vías de conocimiento. Será raro pero será hermoso. Trataremos de reproducir el festejo multitudinario en donde sea. Seremos millones, ¡haremos un maracanazo!
En el laburo estoy convenciendo a un compañero que me regale 100 reales que le quedaron de algún viaje que hizo. “Esto (por el viaje) lo hago también por vos, loco. Hace como 30 años que no salimos campeones”. Van 28 años sin levantar la copa. Es mucho tiempo, pasa que desde que se fue el Diego hemos acumulado frustración tras frustración en los mundiales.
En el 90 tenía ocho años. El día del partido contra Camerún (o contra la URSS, quién sabe) mi vieja nos mandó al colegio. En las calles no había nadie y en la escuela tampoco, claro. Tengo pocos recuerdos: al partido contra Rumania lo vimos en la casa de mi ya fallecido tío Dardo. Una tarde entré a mi casa y estaba mi viejo gritándole al tele “la puta que te parió recién entrás y no le ganás éste que está hace como dos horas en la cancha”; jugábamos contra Yugoslavia y estábamos en los 30 suplementarios. Luego el Goyco arreglaría los mocos de Troglio y el Diego. Pobre Diego, errar un penal, justo él, contra ese arquero (Ivkovick) que ya le había cagado la vida en un partido del Nápoli contra el Sporting Lisboa por Copa Uefa. A la semifinal contra Italia la vimos en el colegio. Había televisores en todos los grados, era un hermoso quilombo, niños corriendo por todos lados, la mayoría sin siquiera prestarle atención al partido. Y a la final la vimos en la casa de Carlos Martín, un amigo de mi viejo. A pesar de la derrota, nos subimos a un auto celeste al que le cruzaron una tela blanca y salimos a festejar al centro. El Goyco era el ídolo popular y mi hermana estaba orgullosa porque su comida favorita eran los ravioles con salsa, como ella. Esas imágenes deambulan todavía por mi memoria. De los partidos en sí, poco y nada.
En el 94 ya tenía doce años. Había vuelto el Diego. Vi el partido contra Grecia en la casa de los Falco, con todos los amigos de la cuadra. Contra Nigeria también. No recuerdo el de Bulgaria. Sí recuerdo que contra Rumania estaba en mi casa. Que grité mucho y que cuando terminó el partido me fui a llorar afuera. Lloré mucho, como el niño que todavía era. Afuera en octavos.
El resto de los mundiales me encontró con edades más maduras, entendiendo el juego, y sufriendo las mismas frustraciones, una y otra vez. ¿Cómo mierda puede ser que te agarre mal parado un pelotazo de 80 metros? ¿Cómo puede ser que no le metamos un gol a Suecia? ¡A Suecia! ¿Cómo puede ser tan boludo de sacarlo a Riquelme cuando le estábamos pegando un baile bárbaro a los alemanes, cuando nos sobraban piernas y ellos no podían ni moverlas? ¿Cómo puede ser que esos mismos hijos de puta no nos hagan uno ni dos ni tres sino cuatro goles?
Este equipo entusiasma menos que el resto. Pero cuando la fecha se acerca no importan los equipos. Importa la camiseta, los colores y el fútbol.

Faltan quince días, dos semanas, muy poco. Falta cada vez menos. 

martes, mayo 20, 2014

Escena

Mientras meaba pensaba, pensaba como piensan los que ya tomaron algo. Profundamente. Introspectivamente. La sacudió, volaron las gotas para todos lados. Adentro. Afuera. Se subió la bragueta y tiró del fierrito donde nunca hubo un botón.
Se lavó las manos y miró el espejo, miró como miran los que ya tomaron algo. A fondo. Atravesándose. Se mojó la cara, volaron gotas para todos lados. Adentro. Afuera. Se secó, se refregó. Se vio viejo.
En el sillón estaba el Perro, poniendo una canción.
- Perro… me siento viejo –dijo.
- Y bue… qué se le va a hacer –respondió sin mirarlo el Perro.
- Pero yo no quiero ser viejo –insistió.
- No queda otra –respondió el Perro.
- ¿Vos querés ser viejo? En serio. -
No sé, no lo pienso. Supongo que lo acepto. 
- Yo no lo acepto. Y no creo que nadie quiera ser viejo –sentenció.
 El Perro miró a su amigo. Lo vio desde que era chico hasta ese preciso momento en el living de su casa.
- No vayas más al baño, te hace mal.

lunes, mayo 19, 2014

Diario Mundial: día -23



Primeras letras. En Córdoba nos vamos quedando sin sol y el frío se va haciendo un lugar entre nosotros. Hoy es lunes y el sábado hubo reunión de viajeros: Kero, Finito y yo. Bebimos, comimos y bebimos algo más. Cuando la gente nos pregunta si ya tenemos todo planificado, si ya reservamos alojamiento, si ya calculamos los gastos, si marcamos la ruta de viaje, si nos pusimos la vacuna contra la fiebre amarilla y si sabemos hablar portugués, nosotros levantamos los hombros y hacemos ese gesto con la boca, como diciendo naah. Si le sumamos a toda nuestra planificación el hecho de no tener entradas, los interlocutores nos miran con cara rara. Sean amigos o no. De repente todos parecen ser viejas chotas que nos hablan de lo peligroso que es Brasil, de las barras, de la policía, de que si llegamos a ganar nos van a matar. No entienden cómo puede ser que hagamos semejante viaje sin tener entradas ni reservas ni nada. Y nosotros no entendemos cómo puede ser que no nos entiendan. Si es tan obvio…
Ir al Mundial es el sueño de mi vida. La frase, siendo trillada y casseteada, no tiene vueltas, es así. A los once años mi vieja me regaló un librito de tapas amarillas llamado El Libro del Mundial. Con toda la “historia, estadísticas y protagonistas” de todas las copas del mundo desde 1930 a 1990 y un informe detallado de todas las selecciones que se preparaban para disputar el Mundial por venir, USA 94. Desde esa edad y antes también, leía sobre fútbol. Ahora, cada cuatro años, todos los diarios te sacan un suplemento con toda esa información y más, con fotos, con más anécdotas, más datos y más de todo. Pero en aquel entonces, sin internet, con diarios que recién empezaban a abandonar el blanco y negro, mi librito amarillo era lo más.
Me sabía todos los campeones, los subcampeones, ¡hasta los semifinalistas! de todas las Copas jugadas. Los países organizadores, los goleadores, los partidos memorables, las anécdotas. A los once años poseía un montón de información que, a oídos de los que me rodeaban, era inútil. El tiempo diría lo contrario. Seguí absorbiendo más y más. Compraba El Gráfico, recortaba diarios, guardaba todo. Era muy difícil toparse con contenidos audiovisuales. Si salía algún VHS lograba comprarlo y lo miraba una y otra vez. Y volaba, viejo, te juro que volaba. Tribunas repletas, sombreros, el Mundial del 30, Vittorio Pozzo, El Maracanazo, la Hungría de Puskas, el debut de Pelé, la dinastía brasilera, la expulsión de Rattín y el gol de Hurst que no fue, la final del 70, la camiseta de Holanda, Clemente pidiendo tirar papelitos, la expulsión del Diego, los dos goles del Diego, las lágrimas del Diego, el grito desaforado ante la cámara del Diego, el pelotazo de 150 metros a Bergkamp, el tiro libre de Svensson, el ingreso de Julio Cruz y Messi sentado comiendo un yuyo, el gol de Martín a Grecia. Son miles de imágenes y estuve en todas, colado en una foto que no era mía, recortado y pegado con voligoma.

Estoy casi seguro que nunca más tendré la posibilidad de ir a una Copa del Mundo. No tenemos entradas ni certezas. Iremos a estar, a vivir. Faltan 23 días y a nosotros ya nos transpiran las manos. 

martes, abril 29, 2014

Las cosas de Barrio Las Flores XI: Gitanos

La nena llora. Llora como nena. La madre la lleva de la mano, la arrastra, digamos. El llanto se duplica. Las veredas rotas, llenas de agua.Las calles rotas, llenas de agua, territorio minado, desparejo. La madre levanta la cabeza, ve la postal y encuentra la solución, el recuerdo de la vieja receta materna: si no dejás de llorar te van a llevar los gitanos. Clásico. Antes era el hombre de la bolsa, o el cuco, o cualquiera que infundiera terror, aleccionamiento, conductismo básico a la criatura para que dejara de llorar/portarse mal.
Los guasos están ahí, como siempre, como todos los días, como todo el día. Son una barra, sentados sobre la verja, apoyados con el hombro en la pared, parados, fumando un cigarrillo. Los gitanos están ahí, sin hacer nada pero haciendo algo. Esa es siempre la sensación: que hay algo en su nada. Son los vigías constantes de la calle, del barrio y quién sabe de cuántas cosas más.

“¡Eh, tus gitanos son flacos!”, me dijo sorprendido Maxi, al compararlos con los suyos, en la zona de Nueva Italia. Mis gitanos. Me gusta. Me encanta, pero los gitanos tienen la particularidad de ser de ellos y de nadie más, son ellos, y al carajo. El viejo, el que le sigue en viejo, los hombres, los más pendejos, los niños, los muy niños. Ahí están todos ellos, siendo inegociablemente ellos. Hablan a los gritos un idioma de ellos. Gesticulan. Fuman. Gesticulan. Viene una chata, una Toyota, y de ahí se bajan dos, vestidos como ellos, hablan a los gritos, gesticulan, fuman, gesticulan. Se suben otros dos a la chata. Otro queda. Pasa un Bora, toca bocina, gritan, saludan, gesticulan, fuman. Y así. Siempre así y ahí. Van a la panadería, al kiosco, compran cerveza, toman mucha cerveza. Parecen ir todos caminando por ese camino que de tan pisado ya hizo huella. Fosa. Túnel. Un paso tras otro, uno tras otro, pasando los años, las generaciones, las costumbres de la sociedad en la que ellos son un mundo oblicuo.

Yo saludo sólo a uno de ellos. No sé su nombre. Siempre está en alguno de los kioscos tomando cerveza, con la cara roja, supongo que con hojas de coca en su boca, masticando todo el día, con el cachete inflado, la camisa desprendida, el pantalón sucio, como si fuera el mismo siempre. Sé que es de Instituto por algún comentario que me hizo alguna vez. Esa es casi nuestra única charla, nuestro tema. Alguna vez me dijo boliviano, que todos los de Belgrano éramos bolivianos y que había que echarlos del país. Era una broma, una mala broma, una broma de fútbol, aceptable en una tribuna, supongo, pero bastante violenta en el kiosco. Yo sonreí, le dije que no dijera barbaridades pero en un tono lo menos confrontativo posible. El gitano buscó la complicidad de la kiosquera pero no tuvo eco. Dos tiras de pan, acá tenés el cambio. Chau, viejo. Chau, gringou.

Castelli se peleó varias veces con los perros de los gitanos. Parecen hablar el mismo idioma, ellos y sus perros. Ligó varias veces el mío y parece que aprendió: la mayoría de las veces elige ir por la vereda del frente; qué vergüenza, Castelli. Igual, muchos vecinos y transeúntes se cruzan de vereda, no pasan al frente de ellos, al frente de esa siempre abultada cantidad de pares de ojos. Parecen tener miedo a que les griten algo, a que les quieran leer la suerte, a que se los lleven, como la nena que lloraba. Se cruzan de vereda, le huyen a la suerte, a los ojos, al idioma incomprensible, al llanto de aquella niñez.


Quisiera estar ahí adentro de sus patios. En la charla del vermut, en el negocio que están cerrando por un Ford Focus, en las cenas, en las noches, en el sexo, en los mensajes de texto, en el partido de metegol que se juegan siempre en el kiosco, en las confesiones de amor,
en el arreglo del matrimonio, en el chiste, en la verja, sentado,
apoyando el hombro, gesticulando,
fumando,
gesticulando.

jueves, marzo 20, 2014

¡109 años de vida, Belgrano querido!

Tremendo video que hicieron los chicos de Belgrano. Hermoso texto de Juan Sachetto. Me permitieron ponerle voz y algo de cara a tanto sentimiento.

lunes, diciembre 02, 2013

ella

Te veo,

me pongo la traba
y se me cae todo.


Te veo
y me miedo encima. 

sábado, septiembre 21, 2013

Las cosas de Barrio Las Flores XI

Clásico de barrio: Las Flores - San Lorenzo.

Sábado de primavera. Sábado para cagarse de frío. Sábado de clásico barrial, el Independiente-Racing del sur de la ciudad de Córdoba: Las Flores-San Lorenzo. Una cancha está acá y la otra ahí. Una calle las separa, Belardinelli.
En  la semana el verdulero me dijo que el Taladro no está bien, que no hay equipo. La tabla así lo refleja: estamos al horno. San Lorenzo tampoco anda bien así que el clásico tiene olor a salvar las papas. Compro un asado y preparo mi pequeño ritual. Maxi, mi vecino, me acompaña a la cancha. Tiene pantalones cortos. "Te vas a cagar de frío", le digo. No hay caso.
Unos veinte canas forman parte del operativo policial del partido. Me revisan sin ganas y entramos. No sé si a alguien le cobraron entradas pero nosotros pasamos con las manos en los bolsillos y no le pagamos a nadie.
Nos ubicamos en la tribuna y vemos el partido que están jugando unos niños de unos 11 años. Sorprende que a esa edad ya tienen todos los vicios de los jugadores profesionales: se tiran, fingen dolor, le piden al árbitro justicia, corren a festejar a los alambrados. Al final gana Las Flores, creo.
Finalmente salen los equipos a la cancha. Petardos de todo tipo en ambas tribunas. Nosotros tenemos más gente que San Lorenzo, queda claro.
Los jugadores posan para una foto que nadie nunca verá. El árbitro pita y el partido se inicia con el primero de los mil quinientos pelotazos que habrá en toda la tarde.
La cancha parece dura. Está seca, sin pasto. La pelota pica para cualquier lado. En ese mediocre contexto Las Flores parece estar jugando mejor. Metemos un tiro en el palo y hacemos alguna que otra jugada. Termina el primer tiempo y no pasa nada. En el segundo tiempo empiezan a pasar cosas: San Lorenzo nos mete un gol. Después el árbitro les expulsa a uno por agresión, o eso parece. Las Flores con un jugador más intenta ir para adelante pero sin ideas. Cada tanto alguna la pisa, la lleva, levanta la cabeza y da un pase preciso pero abundan los pelotazos a cualquier lado, sin mirar. En una contra nos expulsan el arquero por una clara falta y entra el arquerito suplente con la 17 en la espalda. Es un desastre el pibe, da rebotes en todas sus intervenciones.
El partido empieza a calentarse, más por costumbre que por el partido porque no hay jugadas fuertes o polémicas que prendan la mecha. Tiramos una docena más de pelotazos pero no conseguimos generar nada. Ellos cantan. Nos vamos yendo mientras el árbitro pita el final del partido. Antes de salir vemos a un suplente de San Lorenzo en el piso, agarrándose la cara. Se arma una mini refriega que parece no pasar a mayores.
El clásico termina y algunos vecinos van a estar más contentos que otros.
Algunos arrancarán la primavera con una sonrisa, y nosotros seguiremos unos días más en el invierno.

miércoles, abril 24, 2013

Las cosas de Barrio Las Flores X

Los Lentos



Gran almacén, tipo ramos generales, ubicado en la siempre inundable esquina de Luis María Drago y Concejal Felipe Belardinelli. Un poquito de agua, un gallo, un estornudo con moco y el semáforo deja de andar. Todo parece dejar de andar sobre Belardinelli. Los Lentos siempre funciona, a su modo, a su velocidad pero siempre ahí, con su gente.

La atención al público es una mezcla de ritmo de pueblo santiagueño, burocracia estatal, inutilidad femenina, machismo de medio oriente, lentitud ante todas las cosas y algo de me chupa un huevo que la cola de gente se haga larga hasta dar vuelta a la manzana, no pienso apurar nada. Uno puede estar ahí, muy cerca de ser atendido, con tan sólo una persona adelante y puede pasar que dame medio kilo de Dogui, un pedacito de dulce de batata, cobrame la cabina, cárgame quince pesos en la tarjeta, una etiqueta de puchos, dos tiras de pan, un paquete de yerba, un sachet de crema de enjuague, seis cajones de cerveza, dos cajas de hamburguesas, un cuarto de queso cremoso, doscientos de paleta, doscientos de salame milán y ¿te dije Dogui? Mejor cambiame por Tiernitos. Se siente como un gol en contra en el último segundo.

El staff de Los Lentos está compuesto por tres señoras de entre 45 y 60 años. La verdad que se parecen entre ellas y que una foto diría lo mismo hoy que hace 20 años. También está el dueño. El tipo se sienta, cruza los brazos como jeque árabe, como sheriff de película, director técnico o capataz de estancia, y no hace nada. Trescientas personas esperando ser atendidas y nada. Maneja la plata, algunos proveedores, charla con los gitanos, habla por teléfono, pero ensuciarse las manos con billetes arrugados… para eso están sus mujeres.
En Los Lentos te podés poner de novio, pelearte y divorciarte. Podés tomar una cerveza en la dulce espera, podés emborracharte y recuperarte. Los bondis pasan llenos hasta tener turno a cargar la tarjeta. El sol sale, mete el pecho, se apichona y se va a dormir. La manteca se derrite, el fernet se calienta, el asado se enfría y las cosas se pudren. El tiempo va a otro tiempo. Los mosaicos guardan las marcas de las anteriores pisadas. En las paredes se leen los testimonios de todos aquellos que hicieron cola y murieron allí. Como una cinta de moebius estamos todos ahí, esperando, siguiendo la discusión que tienen las únicas dos que atienden con una vieja clienta: acá está anotado que debés treintaisiete con veinte; no, no sé, eso yo no lo compré, lo que yo debo son los ciento veinte de la vez pasada; ¿y estos treintaisiete con veinte?; no, no sé; esperá que lo llamo a Miguel (…) Miguel, sí, acá está Elsa, dice que ella no compró nada por esos treintaisiete con veinte que tiene anotados (…) (…) perá que le pregunto: dice si eso no lo sacó tu mamá; no, mi mamá no, no; dice que no, Miguel (…) bueno, dale, no te hagas drama que ya vemos. Y la fila se hace como un caracol, como el gusanito de los celulares viejos, como una tira de chinchulines o una prolongación de cable mal enrollada. Y sacamos partido. Y nos miramos todos a la cara y nos decimos sin decirnos apurate vieja culiada; yo me tomaría un porrón; yo pago los treintaisiete con veinte pero por favor muevan el culo; me esperan en casa con la cena lista; dejé la pava prendida; mi hermano se va a preocupar; dios, mirá la hora que se ha hecho, y cosas así.

En Los Lentos pasa que te toca tu turno y uno hace un paso hacia adelante con cara de satisfacción, de superación, como cuando llaman tu turno en el médico y sabés que hay alguno mirándote con envidia, pensando yo llegué primero y lo llaman a él primero. Con aire triunfador ponés los billetes sobre el mostrador y pedís la promo, la que junta un fernet grande con una coca de dos litros. Y la promo es tan buena y tan barata que terminás yendo siempre ahí, adonde te jurás que no vas a volver, porque uno quiere envejecer afuera y no adentro, ver las hojitas del otoño del barrio, agarrar el bondi, enamorarte, vivirla y divorciarte o llegar hasta que la muerte nos separe, todo, todo eso pero afuera. Pero la vida de estas fronteras que nos amontonan está llena de peros y viene el día en que el amigo te visita, la chica te mira con ojitos, falta poco para el partido o porque sí. Y, armado de coraje, te metés de lleno en un contradictorio y hermoso ‘pero’… y vas.

jueves, abril 11, 2013

El desastre de HiIlsborough

Esta nota fue escrita hace un montonazo. Allá en enero del 2011. Probablemente hoy la escribiría distinto. En aquel entonces la trabajé como si fuera para publicarse en el diario en el que trabajaba... pero internamente sabiendo que jamás la publicarían por su extensión. Por eso mismo, nunca fue revisada ni corregida. Así que va así como está... lo que habla muy mal de mí...

El desastre de Hillsborough






El 15 de abril de 1989 se produjo una de las tragedias más grandes del fútbol: 96 personas perdieron su vida en un estadio. Liverpool y NottinghamForest disputaban la semifinal de la FA Cup en Hillsborough, el estadio del Sheffield. Nada fue igual en el fútbol inglés después de ese suceso. Las imágenes son impactantes, los números también: 96 muertos y 766 heridos, todos hinchas del Liverpool.
El fútbol inglés era sinónimo de pasión popular. La forma en la que la gente acudía masivamente  a los estadios y cómo se comportaba, salvando ciertas distancias, era similar a las formas argentinas. No extraña, ya que fueron los mismos ingleses los que introdujeron el fútbol a estas pampas. Igual, es necesario repetir y remarcar: había rasgos similares pero para nada idénticos entre el fútbol argentino y el inglés. Las aproximaciones las utilizo para dar un acercamiento al fenómeno, para contextualizarlo históricamente y para que sirva de marco para entender cómo se llegó a la Tragedia de Hillsborough.
En los finales de los años setentas y durante todos los ochentas, la violencia en las tribunas era una constante en la liga inglesa. El fútbol era vivido muy intensamente. Inglaterra atravesaba una dura crisis interna que arrastraba a miles hacia el desempleo. En los ’80 el futbol funcionaba como un escape a la cruda realidad y eso provocaba arranques de felicidad y de violencia. Los “holligans” es el nombre  con el que se rotulaba a los que provocaban peleas, desmanes y un largo etc, dentro y fuera de los estadios. El crecimiento de la violencia en Inglaterra era real. La situación era, a primera vista, por un lado, tolerada, y por otro lado, inmanejable. Las masas acudían a las viejas y tradicionales canchas, se ubicaban, al igual que acá, detrás del arco y parados.
Por un lado, una sociedad deprimida y cargada de odio en la que el fútbol sirvió para descargar frustraciones. Por el otro, una infraestructura obsoleta. El fin de una época tuvo fecha: 15 de abril de 1989.
Los equipos ingleses pugnaban  una sanción de 5 años determinada por la UEFA, luego  de los incidentes protagonizados en Heysel, Bélgica, durante la final de la Copa de Europa entre Juventus  de Italia y, precisamente, el Liverpool, el 29 de mayo de 1985. Algunas de las causas fueron las mismas: una pésima organización, inoperancia policial y, esta vez, responsabilidad de los hinchas rojos. Empezaron las corridas en una de las tribunas y la gente empezó a correr desesperada provocando estampidas y amontonamiento.  En resumen: 39 personas murieron aplastadas, asfixiadas contra las rejas. Se había  prendido una alarma que nadie supo interpretar.


El partido estaba pautado para las 15hs. Era un día de sol, ideal para una jornada de fútbol. Al estar todavía vigente la sanción, la FA Cup tomaba mucha importancia en el ámbito local. Más de 10.000 hinchas del Liverpool se acercaron al estadio para ver ese partido. Faltaban pocos minutos para el comienzo del encuentro  y las tribunas ya estaban llenas. Afuera del estadio todavía había miles de personas esperando por ingresar y la situación era caótica. Habían muy pocos policías y la masa era incontrolable. Cuando el árbitro pitó el inicio del partido, la tragedia comenzaba a consumarse. La policía decidió abrir uno de los portones de acceso a la tribuna que ya estaba colmada de gente. Miles de personas corrieron hacia el túnel, pero no había luz después de la oscuridad. La situación en la tribuna era visiblemente caótica y desesperante. La gente que estaba contra las rejas no podía respirar, se escuchaban los gritos del público pidiendo ayuda, algunos se trepaban hacia la tribuna superior para escapar del apretamiento. Las imágenes de la transmisión televisiva son impactantes. La gente empezó a trepar los alambrados para saltar al terreno de juego y el partido seguía jugándose. Al minuto 6 un policía entró corriendo al campo y le pidió al árbitro que parase el partido. La confusión era total.
Cientos de hinchas ayudaban a sacar a la gente de la tribuna, a escalar las rejas que separan el campo de juego de las gradas. Había tan sólo una pequeña puerta de acceso por la que los desesperados hinchas querían escapar. A esta altura todo era un caos. Iba a ser un partido de fútbol, terminó en masacre.

Las causas

Uno de los primeros errores fue el de asignarle la tribuna con más capacidad (21.000 espectadores) a NottinghamForest y a Liverpool la más pequeña (14.600) siendo que el Liverpool es una  institución con muchos más seguidores y esa tarde se esperaba una multitud. Dos trenes que venían cargados de hinchas rojos se retrasaron lo que provocó que una masa de personas llegase sobre la hora y se acumulara en las pequeñas puertas de acceso al estadio. Ya dijimos que había poco personal policial y algunos novatos, sin experiencia en manejo de multitudes. Se calcula que había 5000 personas tratando de ingresar al estadio y que la policía, para descomprimir, abrió uno de los portones de acceso, el que no debió abrir nunca. Los hinchas corrieron hacia la peor de sus suertes.



Miles ingresaron por el túnel  empujando para poder entrar a una tribuna ya colmada, lo que provocó que la gente que ya estaba allí empezara a aplastarse contra las rejas. La gente que trataba de ingresar no sabía de la situación y seguía empujando. Muchos murieron parados, apretados contra otras personas.
La policía falló en la comunicación y mostró una inoperancia alarmante, siendo esta quizás, la mayor de las causas del desastre. Ni los oficiales que estaban afuera, ni los que estaban adentro del campo, sabían qué hacer. Cuando  el partido se detuvo, era la misma gente, los mismos hinchas los que arrancaban los carteles de publicidad, con el fin de utilizarlos como camillas para transportar a los muertos y heridos. En el césped empezaban a apilarse los cuerpos. En el gimnasio del club se armó una morgue improvisada donde los desesperados hinchas iban a ver  si sus  familiares y amigos estaban allí.
Afuera del estadio había 40 ambulancias de las cuales ingresaron muy pocas al terreno. Algunos todavía creían que había sido una pelea entre holligans lo que había ocasionado todo el desastre y frenaron el ingreso de los coches. Mientras todos corrían desesperados buscando ayuda, un grueso grupo de policías se limitaba a estar parados en la mitad de la cancha formando un cordón para separar un posible enfrentamiento con los hinchas del NottinghamForest.
La gente le hablaba a las cámaras de televisión: “nos abrieron el portón y nos dejaron pasar”. “Hay por lo menos 50 personas muertas ahí (en la tribuna)”. “Ustedes son nuestros ojos y nuestra voz, esto es un desastre”.

El día después

Rápidamente, la Asociación de Fútbol de Inglaterra reprogramó el partido para la semana siguiente en el estadio del Manchester United. Impactó mucho en la opinión pública la frialdad de la Federación al programar el partido tan sólo 7 días después del desastre. Finalmente se jugó un par de semanas después, en Old Trafford, y ganó el Liverpool 3 a 1, y finalmente se coronaría campeón al vencer al Everton por 3 a 2. Pero el título estaría manchado de sangre para siempre.
Las autoridades policiales se despegaron de las responsabilidades desde el primer momento. Las primeras investigaciones se centraron en el comportamiento de los hinchas, en la cantidad de alcohol que habían ingerido, en la posibilidad de que hubieran muchas personas sin entradas, en la agresividad del público, etc. Se trató de llevar el ojo hacia la misma gente, desligando a los encargados de mantener el orden. La versión oficial indicó que las muertes habían sido “accidentales”. Nadie fue procesado por la tragedia.
Algunos periódicos, como “TheSun”, hicieron eco de la versión oficial y sacaron una tapa muy controversial, con un título gigante que decía: “La Verdad. Algunos hinchas revisaban los bolsillos de las víctimas. Algunos hinchas meaban a los policías. Algunos hinchas le pegaban a los oficiales”. El diario, propiedad del magnate Rupert Murdoch, citaba como fuente a un anónimo policía. Los interiores no eran menos escandalosos, haciendo correr versiones de que los hinchas golpeaban a los médicos que intentaban dar los primeros auxilios a las víctimas. Una muestra de amarillismo asqueroso por parte de uno de los diarios más importantes de Inglaterra. Las imágenes televisivas demuestran totalmente lo contrario, ya que eran los propios hinchas quienes auxiliaban a los heridos ante la pasividad policial.
Un centenar de heridos aun permanecían en los hospitales locales y los Príncipes de Gales, Carlos y Diana (Lady Di) visitaron y saludaron uno por uno a los convalecientes. El plantel del Liverpool hizo lo propio, llevando camisetas y souvenires .En todo el país se organizaron colectas para ayudar a los familiares de las víctimas de la Tragedia de Hillsborough. La gente ocupaba el lugar que debería haber ocupado la mano del Estado.



En total murieron 94 personas aquel 15 de abril. Cuatro días después, en el hospital de Sheffield, murió Lee Nicol, de 14 años de edad. La última víctima murió en marzo de 1993: Tony Bland perdió su vida luego de estar 4 años en coma. Así se completa el fatídico 96. Es imposible calcular la cantidad de muertes posteriores o de personas que perdieron la vida a pesar de seguir viviendo luego de la horrorosa tragedia.
De los 96 fallecidos, 79 eran menores de 30 años. Entre ellos se encontraba Jon-Paul Gilhooley, de 10 años de edad, la víctima más joven de aquella tarde. Jon era primo de Steven Gerrard, actual capitán y emblema del Liverpool y de la selección inglesa.

Las consecuencias

Luego de la Tragedia, el gobierno de Margaret Tatcher inició una investigación  para saber qué pasó aquella tarde en Hillsborough. El Juez Taylor fue el encargado de la misma, además de mandar un paquete de medidas que cambiarían el fútbol inglés para siempre.
Lo que hoy vemos por televisión no es lo que siempre fue. El “Reporte Taylor” introdujo una serie de reformas: se eliminaron las vallas de contención. Empezarían a implementar una tarjeta identificatoria  para cada espectador para controlar a la gente asistente a los estadios (esto finalmente fue de difícil aplicación). Se eliminaron las ubicaciones de pie, y se colocaron butacas en todo los estadios. De esta manera se evitaron nuevos hechos como el de Hillsborough. Pero eso no fue todo.
Después de la Tragedia el fútbol comenzó a cambiar en Inglaterra. Los clubes aplicaron las medidas del Reporte Taylor. Pero no fueron los únicos cambios. En los ’90 la Liga Inglesa permitió el ingreso de capitales extranjeros. Subieron los precios de las entradas considerablemente. De esta manera, las clases obreras, las capas bajas de la sociedad no podían asistir  a los partidos. Hubo un corte en la tradición futbolística. El fútbol pasó a ser cosa de ricos y se perdió totalmente el espíritu histórico del deporte en ese país, el corte fue abrupto. El dinero de la televisión fue bien recibido por las instituciones y éstas aplicaron sin miramientos las recetas sugeridas: la Liga debía ser un producto “limpio y correcto” para vender al resto del mundo. Y era exactamente eso: el mundo estaba cambiando, y la exclusión se producía en todos los ámbitos.




El mercado se abrió y muchísimos jugadores de las más variadas nacionalidades llegaron a la Liga inglesa. Años más tarde, la situación empeoraría: más de la mitad de los clubes de primera división son propiedad de magnates extranjeros. ¿Cuál es el problema? Cuando un club se convierte en propiedad de una persona, el fin último es la rentabilidad y, como toda empresa, si las cosas no van bien, el buque  se llena y parte, y la gente queda huérfana de historia.
Liverpool recuerda a los 96 fallecidos con una emotiva canción llamada “You’llneverwalkalone” (nunca caminaran solos), grabada originalmente para el musical “Carrusel”, de 1945, pero elevada como bandera de recuerdo por los simpatizantes rojos: “Cuando camines a través de la tormenta, mantén la cabeza alta, y no temas por la oscuridad; al final de la tormenta encontrarás la luz del sol, y la dulce y plateada canción de una alondra. Sigue a través del viento, sigue a través de la lluvia, aunque tus sueños se rompan en pedazos. Camina, camina, con esperanza en tu corazón, y nunca caminarás solo, nunca caminarás solo”.
En el 2009 se cumplieron 20 años de la Tragedia. El minuto de silencio, el completo minuto de silencio de una multitud, fue emocionante. En aquel plantel del Liverpool estaba el argentino Javier Mascherano. Muchos documentales se transmitieron aquel día y los pedidos de justicia por parte de los familiares y amigos de las víctimas se hicieron más fuertes. Ellos siguen pidiendo justicia. En 2011, la Cámara de los Comunes autorizó la desclasificación de más de 40.000 documentos relacionados con la tragedia.
La muerte, como tantas otras veces, funcionó como bisagra de la historia. Nada fue igual después de Hillsborough, para bien y para mal. Pero siempre es importante preguntar, dudar, investigar, aprender y saber qué pasó en determinadas ocasiones. El fútbol lloró, y hoy se lamenta. Pensemos eso.
Hasta la próxima. Un abrazo.