jueves, febrero 08, 2024
Crónicas Piratas. Copa Argentina. Belgrano vs Mitre
martes, febrero 06, 2024
#Crónicas Piratas. Fecha 3: Ñuls 1 - 0 Belgrano
Gracias a las cámaras especiales de Crónicas Piratas pudimos captar el diálogo entre Alejandro Rébola y Andrés Merlos:
—¡Merlos! ¡Ey, Merlos! ¡Terminalo de una vez!
—Pero… si todavía no empezó el partido.
—Por eso, terminalo ya.
El árbitro, desconcertado, pitó el inicio del partido.
A Merlos le pareció simpático el chiste de nuestro veterano defensor. Pero no era un chiste: Belgrano quería que el partido terminara en el perfecto 0 a 0 que tanto parece gustarle. Durante el primer tiempo Merlos nos dio algunas faltas pelotudas y fue nuestro mejor jugador.
No hay palabra que alcance para definir el primer tiempo que jugamos. Pero una imagen vale más que mil palabras, ¿verdad?
Ser hincha de Belgrano es maravilloso. El pequeño problema es ver a los jugadores del primer equipo masculino jugar al fútbol. Ese es el asterisco que hay que hacer hace unos 20 años.
Pero mejor sigamos.
Merlos anduvo bien pero no pudo hacer nada con el centrito de mierda que tiró Ñuls y que Rébola dejó pasar. Raro. Estaba defendiendo como un campeón y de repente… aparece un desubicado detrás de él para cabecear. Por si acaso Losada estaba atornillado en la línea.
El primer tiempo fue nefasto. Pero en el segundo se vio algo… y cuando digo algo digo ALGO. Una pizca. Un poquito. Alguito. Los cambios le dieron un poquito de movilidad al equipo: García, Metilli y, principalmente, Bryan miúnicohéroenestelío Reyna.
Necesitamos que el peruano gambetee. Que encare. Que pase a uno y tire un centro. Que la pise y patee al arco. Que haga bicicletas, engaños y regates. Que le pegue unas cachetadas a la modorra del equipo. Sino se va a dar cuenta de que somos una verga y se va a ir.
Los últimos 10 minutos fueron los mejores. Pero nos cuesta mucho patear al arco. Passerini está solo. Y el planteo, a mi parecer, no es el indicado. Belgrano necesita salir a proponer ALGO alguna vez. No podemos seguir SaVQO: Saliendo a ver qué onda todos los partidos.
Apenas terminó el partido fui a buscarlo al Perro.
—Ah, no. No me hagas partícipe de tu crónica de mierda sobre un partido de mierda.
—Dale. Pensé que éramos amigos.
—Pensaste mal. No vengas a pedirme ayuda. Arreglátelas solo.
No pude dormir. Miraba el techo y mi cabeza seguía puteando.
El despertador sonó a las 6.30. A trabajar, por un sueldo que rasguña la dignidad. ¿Cuánto ganan los jugadores? ¿A qué hora se levantan? Preguntas boludas de un lunes boludo.
miércoles, febrero 15, 2023
Conversación con el Perro
—¿Estás contento Walter Nelson, eh? -tiró el Perro desde el sillón.
—¡Y qué te parece! —exclamé—. Hacía 7 años que no podía entrar a mi blog, MI BLOG.
—¿Y ahora?
—¿Ahora qué?
—Digo, ¿vas a hacer algo? ¿Vas a empezar a escribir o vas a seguir boludeando, leyendo cosas viejas, durmiéndote en los laureles?
—Bueno, sí, no, o sea, lo que yo tenía pensado era...
—No tenías nada pensado, NADA, dejá de mentirle a la gente —interrumpió.
—No sabés nada, Perro, nada. Se vienen cosas grandes, GIGANTES. La recuperación del blog vino en el momento justo.
—¿Puedo serte completamente honesto? —preguntó el Perro.
—No.
—Me parece una pelotudez lo de tu blog. Es otro de tus intentos por aferrarte a un pasado más o menos idílico, en el que escribías mucho, en el que supuestamente hacías un montón de cosas. Sos de manual, Gringo, de manual.
—Tu honestidad es una mierda, Perro.
—Para eso están los amigos, para decirte boludo cuando estás siendo un boludo, para darte una cachetada en el momento propicio, para susurrarte al oído las palabras que no querés escuchar...
—¿Y para los buenos momentos?
—¿Tuyos? La verdad es que no me acuerdo si los tuviste alguna vez.
—Ayer metí un gol, Perro. Fue un golazo.
—Dejá de mentirle a la gente. Seguro que le constaste a todo el mundo lo del gol.
—Obvio. Fue un gran momento.
—El día que se te termine la mentira de la escritura vas a tener que ponerte a laburar por primera vez en tu vida.
—Esta tarde juego al fútbol nuevamente. Me tengo toda la fe. Si llego a meter un gol te lo voy a dedicar, me voy a levantar la camiseta y abajo voy a tener una remera: Para el amargo del Perro.
—Vos no le metés un gol a nadie. Así que me quedo tranquilo.
El Perro dio dos vueltas, se acomodó y se tiró a dormir.
Yo me quedé pensando en eso del pasado, de las anclas, de la escritura ya escrita y de las palabras por venir. El Perro no sabe nada. Esta noche voy a meter un gol, a favor en contra, da lo mismo. Un gol es un gol.
lunes, febrero 13, 2023
¡Recuperé mi blog!
No lo puedo creer. ¡Acá estoy blog querido! He vuelto. Perdón por haber sido tan colgado por no haber tenido las herramientas para ingresar nuevamente en tu mundo de palabras e imágenes. Prometo no volver a abandonarte. Te quiero mucho.
Gringo
sábado, diciembre 23, 2017
El hombre que quería escribir. 18va Entrega. El universo.
El universo
martes, agosto 08, 2017
El hombre que quería escribir. 16° entrega. "Donde comenzó todo"
Donde comenzó todo
Algo se movió cuando decidí escribir. Venía sintiendo que los engranajes de mis pasiones estaban oxidados, por eso, cuando escuche el ruido del metal, el diente enganchando en el otro diente, no pude hacerme el boludo: mi auto está moviéndose, la pendiente es leve, casi imperceptible. Todavía no puse ninguna marcha pero me sorprende observar mi pie izquierdo apoyado sobre el embrague.
Cuando Córdoba era chica, cuando la ciudad no superaba el todavía inexistente anillo de circunvalación, mi barrio parecía quedar en el culo del mundo. Belardinelli moría donde empezaban las quintas. Se terminaba un asfalto mal hecho y empezaban los descampados, la tierra desconocida. Siempre fantaseábamos con cruzar los alambrados y descubrir algo nuevo. Dicen que si alguno se largaba a caminar terminaba cayendo al vacío, donde cuatro tortugas o elefantes sostenían la tierra siempre plana. Otros hablaban de haber visto a un puma. Que ahí nomás, caminando 15 minutos había una casa abandonada donde vivía un borracho. Que una vez, hace mucho, un pibe se había mandado y nunca más lo vieron. Los más grandes contaban historias sobre canchas de fútbol ocultas entre los yuyos, con arcos, redes y todo. Antes había más canchas de fútbol que escuelas. Hoy no queda ni bosta. Los gitanos parecen estar desde siempre, vendiendo, comprando, entrando un camión, sacando un camión, chupando cerveza, balbuceando en su idioma, siempre con la sospecha barrial de que algo están tramando. Antes les tenía miedo, por las boludeces de mi vieja y porque mi viejo decía que una vez lo habían cagado. Ahora me caen bien, frenan el avance inmobiliario, ningún desarrollista quiere armar un emprendimiento cerca de ellos.
Queda muy poco del barrio que viví pero mi cuadra se mantiene casi intacta. Algunos vecinos progresaron y fueron modificando sus casas de plan pero hay otras que siguen iguales o peores, rajadas las paredes, hundidas, descascaradas. A cada paso, desde que bajo del colectivo hasta que llego a mi casa voy reconstruyendo pequeñas películas. La casita de mis viejos también fue cambiando. Se agrandó la cocina y perdimos patio. Siempre la naturaleza sale perdiendo. Después de dos o tres intervenciones fuertes para que no se cayeran las paredes ni se hundiera el piso de la vieja casitadeplan, se terminaron las obras y hace 20 años que todo luce igual. Todavía hay algo de mí en esas paredes: un póster de El Gráfico de la temporada 93/94 de Las Flores, calcomanías en las puertas del mueble y algo de mis trastos que nunca puedo terminar de llevarme. Pero mi pieza ya no es más mi pieza. Mi vieja armó su pequeño estudio donde recibe cada tanto a algún cliente o vecino por consultas que casi nunca cobra porque le da cosa. Es abogada. Nunca supe si muy buena, regular o mediocre, como yo. Casi nunca ejerció y se pasó la vida siendo secretaría de alguien o llevando y trayendo papeles. La imagen que tengo de ella es yéndose a tomar el 52 con medio metro de carpetas y expedientes, rogando que hubiera un asiento libre. Tenía muchos huevos la vieja y supongo que los sigue teniendo. Parece poseer una voluntad inquebrantable ante tantas miserias cotidianas, levantar la cabeza, mirar hacia adelante y seguir pero a la vez es dueña una ingenuidad alarmante, quizás por la época, quizás por su edad. Un día, manejando por la ruta, los dos solos, me confesó que se sentía bastante inútil haciendo lo que hacía, que siempre la aburrió el trabajo. Lloró desconsoladamente durante dos minutos sin taparse nunca la cara. No me miraba, hablaba y lloraba hacia el horizonte. Se secó las lágrimas con el reverso de la manga y, sin dejar de ver nunca el camino, siguió manejando hacia adelante, hacia donde van las luchadoras.
Toqué el timbre cuando el sol estaba bien arriba, marcando la mitad del día. Escuché a los perros y a mi viejo ladrar: ¡Ahí llegó tu hijo, andá a abrirle! –gritó, seguramente, desde su reposera, sin sacar la vista del televisor donde, seguramente, estaba viendo la carrera. Para mi viejo siempre fui hijo de mi madre.
Sentí a mi vieja gritarle, irónicamente: “vos dejá, ni se te ocurra moverte”. Ese griterío constante, ese combate cotidiano, también forma parte de la banda sonora de mis días. Escucho sus pasos, sé que va a salir con un repasador en la mano, probablemente con delantal y una bolsa de nylon en la cabeza para no llenarse de olor el pelo. Si sale así es porque está haciendo milanesas de peceto con papas fritas. Un éxito que no falla nunca.
Se abre la puerta, despacio pero nadie se asoma. Yo sonrío. Veo aparecer su pie acercando un trapo de piso:
- Limpitate los pies, hijo, porque acabo de pasar el piso. Pasá, pasá. Cuidado con la bolsa que estoy haciendo milanesas, abrazame rápido que te voy a llenar de olor. Dale, pasá. Allá está tu padre, dando una mano, como siempre…
Entro. De ahora en más ingreso al universo de mis padres. Nunca sé cómo voy a terminar saliendo de acá.
Mi viejo está de calzoncillos, esos tipo shortcitos de viejos. Se le ve el pito por el costado, las bolas arrugadas. Es inimputable, siempre lo fue. Medias. Chancletas Adilette clásicas. Remera mangas corta blanca. El pucho. La fórmula uno.
- Vení, vení –me llama emocionadísimo sin sacar la vista de la pantalla- mirá, mirá ¿ves? Se fue a la bosta, entró mal a la curva y se le fue. Hacía rato que tenía que cambiar cubiertas el boludo del canadiense –dice con categoría.
Lo apasiona esa carrera larga y aburrida como un 0 a 0 de Olimpo-Arsenal. Creo que mira la carrera desde hace cien años, incluso desde antes que existieran los autos. No sé si sabe mucho, pero yo sé menos así que es una de las pocas áreas en las que le creo algo de lo que dice.
- ¿Cómo van? –pregunto por preguntar algo, que ni siquiera tiene sentido.
- ¿Quién va ganando? –corrije la pregunta mi padre- Primero viene Hamilton, ahí nomás está Raikkonen y tercero, lejos, Vettel, con la Ferrari.
- ¿Qué pasa con Ferrari que hace mucho que no gana nada? –no tengo ni idea lo que estoy diciendo, me la juego para ver si puedo tener un diálogo mínimo.
- Y, hace tres años que Mercedes, con Hamilton, vienen ganado todo. Para mí no le han pegado al piloto justo –aventura y de repente estalla: ¡Y los pelotudos de Ferrari que siguen insistiendo con los mismos neumáticos! ¡Y siguen insistiendo! –le grita al televisor, a un montón de autos dando vueltas y vueltas. Se queda en silencio, masticando una bronca solitaria, porque es como si yo no estuviera ahí. Me levanto y voy a la heladera a buscar un sifón de soda. Por lo menos pude hacer una pregunta.
domingo, diciembre 11, 2016
El arquero poeta. Segunda parte. 15° entrega
jueves, julio 07, 2016
"Fútbol". El hombre que quería escribir 14° entrega.
Fútbol
Podés saltar de un trampolín, batir un record en patín,
podés hacer un gol y podés llevar tu nombre al cielo,
o puedes ser un gran campeón, jugar en la selección…
jueves, mayo 19, 2016
El hombre que quería escribir. "Arquero poeta" 13° entrega.
Lo voy a entrevistar, sólo que él todavía no lo sabe y voy uno a cero desde el vestuario. Vuelvo a sonreír con mis manos en jarra sobre mi camiseta de Las Flores ajustada sobre los rollos.
Este recién llega y ya me agarra para la cagada.
viernes, abril 22, 2016
Los Lanzallamas. 12° entrega
- - ¡Por prepotencia de trabajo! –exclamé mientras cargaba agua caliente del dispenser.
- - - ¡No se puede tomar mate che! –sentí a mis espaldas.
- - - ¿Vinimos de mala onda hoy? Es una broma, che –volvió a decir en tono bromista.
- Necesitás algo Reynoso? –dije sin sacar la mirada de la pantalla.
- Son las ocho y media y no has hecho una sola llamada. Así no vamos a llegar al objetivo y no nos van a pagar el premio por productividad.
- - Hacé como quieras, flaco –dice con un tono que intenta ser agresivo y se queda en eso, porque no tiene huevos ni para mandarme a la mierda, que es lo que merezco hace años. Y me dice flaco, a mí, que soy todo lo contrario a flaco. ¿Será irónico? La ironía es para los inteligentes.
- - ¡Fuerza, Reynoso, que este año lo ganamos! –digo, riendo.
- - ¡Perritoooo!
- - Gordaaaaaa.
- - ¿Cómo andás?
- - Bien, acá ando. ¿Vos? ¿Haciendo de cuenta que laburás?
- - Para mayor seguridad su llamada puede estar siendo grabada.
- - Cierto, cierto. ¿Qué necesitás?
- - Cuchame, ¿conocés a un tal Roberto Arlt?
- - Sí, claro, jugó de 5 en Rosario Central en los noventas.
- - ¿En serio? Hay un escritor que se llama igual.
- - Sos muy idiota, Gordo. No hay ningún jugador con ese apellido, de hecho no hay nadie con ese apellido salvo él.
- - Siempre tuviste una ilimitada capacidad para hacerme sentir un boludo.
- - Gracias.
- - De nada. ¿Entonces lo tenés al tipo?
- - Más vale que sé quién es. De hecho nos hicieron leer Los Siete locos en el secundario. Sólo que vos no lo leíste y me copiaste el trabajo.
- - Ah. Qué lástima… Debería haber hecho mejor las cosas y hoy quizás sería un mejor escritor.
- - Y sí, macho. Pero no es tarde todavía. Deberías leer algún libro. Empezá por las Aguasfuertes Porteñas. Son relatos cortos, periodísticos que el tipo escribió por los años treinta.
- - ¡Viejazos!
- - Sí, viejazos pero vigentes. Haceme caso.
- - Bueno, te dejo porque lo veo al pelotudo de Reynoso hablando con Conci. Y me está mirando. Y creo que vienen para acá.
- - Hacelo cagar al boludo ese de Reyn…
- - Pibe –dijo a modo de saludo, Conci.
- - Eduardo, cómo va –Conci se llama Eduardo, y es como una especie de jefe.
- - Bien, che.
- - Perfecto –dije como por decir algo.
- - Acaba de venir Reynoso a botonearte. Dice que no has hecho una sola llamada desde que iniciaste sesión.
- - Eso no es cierto. Acabo de colgar con alguien.
- - Bueno. Tratá de que no te vean al pedo. Vos sabés que con vos está todo bien, que sos de los que más tiene antigüedad. A Reynoso no me lo banco pero es tan botón que puede llegar a generar quilombos en la tropa –dijo y estiró el brazo abarcando a todo el ejército de orejas con auriculares.










