domingo, enero 27, 2008

Pedacitos no más...

Un fragmento de algo que estoy escribiendo. No hay mucho para opinar, sí para compartir.


Marcos saboreaba, quizá, el último pucho de su vida. Las indicaciones del doctor habían sonado más a amenaza que a consejo. Quería seguir viviendo, por lo menos unos años más, por sus hijos, su mujer. Fumó hasta las últimas consecuencias, hasta el último gramo de tabaco. Apagó la colilla contra la pared y la tiró con un tincazo al basurero. Ahora empezaba lo jodido.


Las primeras horas de ese martes transcurrieron en tranquilidad. La nicotina todavía no ejercía su efecto adictivo sobre la mente y el cuerpo de Marcos. Trabajó seis horas, almorzó, bebió dos tazas de café, deambuló por las mismas calles y luego tomó el 54 para volver a casa. No hubo cigarrillo después de comer, ni durante el café, ni en las plazas, ni en la espera eterna del colectivo. Al llegar a su casa notó algo extraño...

3 comentarios:

Franco Camporeale dijo...

Como es esto gringo? Pasamos de un euforico relato de potrero a un cuento de animos depresivos? No te nos estaras poniendo bipolar, no? Bueno, de cualquier manera fue atrapante el partido, te agarra y no te suelta, nos vemos che, a ver si seguimos con esta historia tambien...

Gringo dijo...

Bipolar..., puede ser. Son distintas épocas. Pero atate los cordones porque pronto se vienen más partidos.
Abrazo, a quién quieras que seas:

gringo

Franco Camporeale dijo...

A quien quiera que seas? Jajaja... soy camporeale...