miércoles, julio 09, 2008

Columna de diario

Columna de desconocido escritor en desconocido periódico local.


Lunes 07/07

¡Hola enemigos míos! No les pregunto cómo están porque ya saben que no me importa. La columna de hoy sale escupida con fritas. Todos me conocen: soy un despreciable ser, una resaca de vida, una basura sin sentimientos. Otros prefieren llamarme hijo de puta, mal parido, egoísta, basura de mierda (le agregan el “de mierda”, ¡cuánta imaginación por Dios!) A todos esos que descargan su porquería hacia mi persona (cosa que intuyo los deja muy contentos y les permite dormir en paz) les informo que si mi columna tiene tanto éxito es porque ustedes piensan, en mayor o menor medida, como yo.
La gente del diario me pide que explicite la “lógica” (si es que tiene) de esta columna, (que está muy lejos de ser “periodística”, pero que no dista demasiado de la basura que producen mis “colegas” en este y otros medios) por si algún lector desprevenido llegase a abrir el diario, leer mis palabras y quedar perplejo ante tanta porquería. La imagen, first of all, y los anunciantes, por supuesto, arriba, abajo, adentro y hasta el pecho. Así que, desprevenido lector, esto es lo que soy, no se asuste (o sí, no me importa) El periódico no se responsabiliza por mis dichos, pero sí se hace cargo de recaudar la publicidad que se vende en la página donde yo escribo. Y bueno, es la sociedad que supimos conseguir. God bless America.
Hoy voy a tirar bosta contra…, contra…, a ver si adivinan….: ¡sí! ¡Las viejas pelotudas! En columnas anteriores hemos (he) realizado profundas descripciones de esta raza (a priori inferior) que habita las ciudades (y el campo también) de este condenado país. Paso a explicar la situación que me condujo a escribir la columna de hoy: ayer iba en el colectivo (todos ya saben que no tengo demasiado dinero: no mantengo trabajos estables porque no soporto la idiotez de la gente que me rodea; y esto del diario es una changa) decía, que iba ayer en el colectivo camino a mi patético hogar. Subo, abono el accesible boleto (que creo que debería estar aún más caro…así no se llenaría tanto) y busco asiento: es al pedo, está todo lleno. Despliego, entonces, mi táctica intuitiva de localización de un pasajero que tenga cara de “me bajo pronto”. Lo ubico y me paro al lado esperando que mi pronóstico diera resultado. En efecto (soy implacable) el pasajero a las pocas paradas se alista para bajarse (¡por Dios, qué momento de gloria!) Observo a mi izquierda, también parada, una señora de unos cincuenta años de edad. Cuando le doy espacio al tipo para que se baje, ocurre lo que motivó mi “no tan difícil de motivar” ira. La vieja hija de puta agachó la cabeza, esquivó mi mirada, y se sentó. ¡Ah, no! ¿Cómo es eso? Estaba clarísimo que ese lugar me pertenecía ya que la totalidad de mi cuerpo cubría el espectro de influencia del asiento. Y ahí, en mi brillante cabeza, comenzó a girar el dínamo de violencia que me caracteriza (con el cual gano unos mangos vendiéndole fruta a la gente del diario) Pensaba: estas viejas mogólicas quieren ser las más pendejas (cosa que no les sale), se visten a la moda, gastan y gastan en pelotudeces para embellecerse (cosa que tampoco les sale) E incluso algunas (esto es lo más gracioso) dicen que el hombre y la mujer son iguales y que no debería haber discriminación. ¡No me vengan con cuentos! A la mayoría les cabe perfecto el traje de “pobre mina”. Pienso que sería muy feliz (si es que eso existe) siendo publicista. Vendiéndole a la gente cosas que realmente no necesitan, metiéndome en sus ignorantes cerebros. Imagino mi voz circulando por su cabeza: “¿estás seguro que no te falta nada? Comprá el nuevo xc-2008 (por decir algo) y se resolverán todos tus problemas”. Ah… Me fui por las ramas. Vuelvo ¡Claro, todo eso funciona a la perfección en la calle, en la vida! Viejas que aparentan ser las más jóvenes. Pero, en el colectivo, ocurre el efecto contrario: son las más decrépitas personas, se hacen las sufridas, las que no aguantan más la espalda, y suplican por un asiento. Estan al acecho buscando con esa mirada egoísta el asiento a ocupar. Lectores: ¿No se dan cuenta que las viejas imbéciles nunca ceden el asiento? Sé que ustedes no tienen la capacidad de análisis de la realidad que yo tengo, pero los invito a reflexionar sobre este punto. A usted también, lector desprevenido. Así y todo, me comí la bronca bien adentro para no desperdiciar material “periodístico”.
Bueno, voy dando por concluida mi columna semanal. Para aquellos que nunca me han leído y piensan que mis dardos apuntan al género (a priori) débil, les informo que “todos son unos pelotudos hasta que se demuestre lo contrario, hombre, mujer, niño o anciano”. Mis amigos (que son pocos, y no les creo demasiado) y mis enemigos (a esos les creo ya que son la mayoría) ya me conocen: hay días que me levanto y que siento que todos y todo lo que me rodea no merece ni la más mínima piedad. Y hay otros días en los que me levanto con la pierna izquierda, y ahí agarrensen. Soy de esos que matan a los bichos (sea una mariposa o un mosquito), de los que odia los llantos de los bebes, el maullido de un gato, las reflexiones profundas, y el amor de las parejas en primavera. Soy una porquería, lo sé. Así y todo, ustedes pierden tiempo en leerme (no es que tengan tanto para hacer)
Saludos. Hasta la próxima, o no, no me importa. Y recuerden que nadie puede ser del todo feliz. ¡Adío, mis enemigos!




Gracias Barcelona por tanta verdad.
Para leer otras reflexiones de este escritor buscar en el archivo del blog el post "Tranquilo".

2 comentarios:

Guadalupe dijo...

Solo quiero saber...
¿De qué equipo sos hincha?

Gringo dijo...

De Belgrano de Córdoba. Conocidos como "los piratas" ¿te cuento la historia? Sí. Allá por los años '10, jugaron Belgrano y Talleres el primer clásico en la historia. A poco de comenzado el juego Belgrano marca un gol y la gente de Talleres aduce que no fue válida la conquista y se retiran de la cancha. El mote de "piratas" quedó para siempre (y en este caso se, como en tantos otros, se da una apropiación del sobrenombre invirtiendo el significado: orgullosamente la parcialidad celeste adopta el "piratas" para identificarse; como lo hicieron también, por ejemplo: Ñuls: leprosos. Centra: canallas. River: gallinas. Boca: bosteros, y así con muchos clubes)
En fin. Acá a Talleres se los conoce como Gallinas..., porque arrugan siempre.

¿A qué venía tu pregunta?
Un abrazo, gracias por leer:

gringo