sábado, julio 25, 2009

Balance Campeonato 2008/09

Escribí este extenso texto para tener un documento fiel de mis días pasados. Espero, con todo corazón que alguno pueda respirar hondo, acomodar el culo en la silla e intentar leerlo. El texto tiene varios ítems separados por subtítulos. Lleva un orden cronológico pero se puede seleccionar cualquier "nudo" y leerlo sin ningún problema.
Un abrazo.


A Cardo, Fede y Andrés Pirata.


Introducción

Bueno, finalmente se terminó el año futbolístico. El viaje a Rosario, mejor dicho la vuelta de Rosario para Córdoba, puso cierre al eterno campeonato disputado. Fueron muchísimas las cosas que pasaron, demasiadas anécdotas, recuerdos, frustraciones y alegrías y difícilmente pueda dar cuenta de todas ellas en este balance pero trataré de plasmar aquí todas las posibles, en especial las del tramo final del torneo.
El primer partido del campeonato fue en agosto del 2008. Le ganamos a Unión 1 a 0 en Santa Fe con gol de Bustos. Ese partido lo vi en la casa del padre de una amiga y en aquel momento escribí esto. Y así comenzó toda esta historia.
En aquel entonces el equipo era dirigido por Dalcio Giovanolli, un tipo que nunca logró la aprobación de la gente por una simple razón: nunca pudo hacer jugar (más o menos) bien a Belgrano. Durante su conducción ganamos más partidos de visitantes que de local. Lo cual era casi insoportable porque la alegría en casa es la que vale. Ganar afuera es para sumar puntos, nada más, y todos sabemos que el fútbol es algo más que eso. Jugamos dos veces contra Instituto y Talleres. A la gloria le ganamos las dos veces 1 a 0 y con Talleres empatamos los dos (1-1 y 0-0 –este último ya con Labruna como DT). Al finalizar la primera rueda andábamos en los primeros puestos, a cinco puntos de Chacarita, el puntero, y todavía creíamos en el ascenso directo.

Nudos

Lo mejor vino al final del torneo. Una conjunción de situaciones me devolvió a la cancha luego de un par de faltazos por esa cosa de jugar a ser periodista. Además se armó un lindo grupito de tribuna con Martín y el gringo Fede. El último partido de Giovanolli fue contra Independiente de Mendoza: derrota por 3 a 0 y de local. Fue suficiente para que se fuera. Al toque vino Labruna y todo cambió para nosotros en el Gigante.
El primer partido en casa fue contra la CAI. Ganamos 1 a 0, con minutos de buen fútbol y no mucho más. Después perdimos en Tucumán contra el futuro campeón, ya que si volvíamos a ganar de local, ahora empezaríamos a perder de visitantes.

Cábalas

El 4 de abril jugamos contra Quilmes. Ese día hacía mucho calor y me puse unos pantalones marrones, zapatillas y una camisa a cuadros. Ganamos 2 a 0 jugando pésimo, pero la euforia de ganar de vuelta en el Gigante hizo olvidar el dolor de ojos. Desde aquel partido llevé esa misma indumentaria. Fueron casi cuatro meses con la misma camisa, pantalón y zapatillas. Nunca las lavé y siempre dejaba la ropa guardada en el mismo lugar. En Alberdi, con mi cábala, ganamos cinco partidos seguidos (Quilmes, Aldosivi, Olimpo, San Martín SJ, Atlético Rafaela) y empatamos el último (Defensa y Justicia).
La camisa, de a poco, se convirtió en un ícono entre nosotros. Cambió la estación, vino el frío y ella siguió estando. Después fuimos agregando otras cábalas accesorias para determinar su grado de importancia. Una de ellas fue el asado previo a la cancha en el que no podían faltar las achuras (mollejas o riñones). También comimos choripanes a la salida del estadio y a veces unas cervezas en un barcito del centro. Otra cábala era la del gringo Fede. Generalmente él llegaba siempre tarde entonces nos veíamos desde lejos en la tribuna, nos saludábamos y esperábamos al comienzo del segundo tiempo, cuando todo el mundo se para de vuelta, para juntarnos y ver el partido los tres juntos. Todo funcionaba perfectamente: los primeros tiempos de Belgrano eran horribles y terminaban cero a cero, pero en el segundo (cuando nos juntábamos) ganábamos los partidos. Todo estaba cabalísticamente controlado. Incluso las veces que íbamos juntos a la cancha, el Fede entraba y se perdía para ver el partido solo en algún lugar y juntarse en la segunda etapa. La verdad que le poníamos mucha dedicación a la cuestión. Estábamos agrandadísimos. Igual, no fue la primera vez que tuve cábalas.



Celulares

Otra que pasó fue cuando perdí el celular. Creo que fue contra Aldosivi. El árbitro pitó el final del primer tiempo y todos se apuraron a sentarse. La situación estaba bajo control, el partido era horrible, ya habíamos divisado al gringo Fede y sólo había que esperar el encuentro. En eso siento que me vibra el celular en el bolsillo. Estábamos todos apretados y quise sacarlo para ver el mensaje de texto; metí la mano, lo agarré apenas y se me resbaló de la mano. Miré para abajo y no estaba más. Volví a mirar y me di cuenta que el condenado aparato se me había caído debajo de la tribuna. El hijo de puta pasó por entre medio de las estructuras de cemento y cayó como siete metros para abajo donde se veía un basural importante. Lo di casi por perdido, pero igual iba intentar recuperarlo.
El partido había sido un domingo a la tarde y yo recién me llegué al estadio el martes. Mi razonamiento era el siguiente: seguramente hacía años que nadie entraba a ese basural debajo de la gigantesca tribuna pirata. Incluso dudaba si alguien tenía las llaves de los candados de esas puertas gigantes (recordemos que el Gigante de Alberdi tiene capacidad similar al Maracaná: 200.000 negros entramos… aproximadamente).
Con las manos en los bolsillos entré a la cancha y hablé con el Intendente del estadio (algo así como el ordenanza o amo de llaves). Le expliqué la situación, me dijo que hice mal, que tendría que haber hablado con él apenas finalizado el partido, pero me acompañó a buscar mi aparato. El tipo abrió unas puertas y pasamos caminando por el césped de la cancha, por la mismísima cancha donde un par de guasos patean una pelota, cumplen el sueño de millones y encima les pagan bien.
Íbamos en silencio. Sólo se escuchaba el ruido de las 700 llaves que colgaban de una argolla gigante agarradas al cinto del Intendente. Yo estaba emocionadísimo. Miré los alambrados, los bancos de suplentes, todo.
- Yo me metí a la cancha el día que ganamos la promoción con Quilmes, con el gol de Mugnaini –dije, como para igualar experiencias.
El tipo asintió. Seguimos caminando.
- ¿Hace mucho que trabajás en Belgrano? –pregunté.
- Más de veinte años –me respondió sin dejar de mirar para adelante.
- ¿Y qué hiciste todos los años que la cancha estuvo cerrada? –en el momento que terminé de preguntar me sentí un idiota. Quise arreglar la situación –Digo, la cancha estuvo abandonada, no se jugaba acá… eeeh… -no paraba de meter la pata.
Tardó unos segundos en responderme. Pero finalmente me miró y dijo algo como que nunca dejaron de haber actividades en el estadio, que las inferiores siguieron usando la cancha.
El final del trayecto lo hicimos en silencio.
Llegamos debajo de la tribuna local y para mi sorpresa la puerta estaba abierta y había una docena de albañiles trabajando. ¿¡Qué carajo estaban haciendo ahí!? ¿Obras en el estadio? ¡Si la cancha está igual de rota hace años! Prácticamente resignado empecé mi búsqueda entre el colchón de papeles que seguramente estaban allí desde hacía años, recibidas históricas a los equipos; lluvias, tornados y tsunamis de papeles y serpentinas. Miré para arriba y traté de calcular el lugar de la caída. “Si yo me paro del medio para la izquierda, más o menos por acá, entonces el celular seguro que cayó por estos lados”, pensé. Y ahí vino un nuevo problema: había otra división debajo de la tribuna con una puertita de chapa. Pensé que esa iba a estar cerrada, atorada, hinchada, trabada por los años sin ser abierta. Agarré el picaporte, y empujé con el hombro derecho...

(Intervalo. Aproveche para llenar el termo, dar vuelta la milanesa o prender un sahumerio que se viene lo mejor)

¡Pum! Hizo el ruido de la puerta. Cuando levanté la cabeza no pude emitir palabra: ¡había una familia entera viviendo debajo de la tribuna! La cocina, unas camas, la soga con la ropa colgada, el abuelo fumando pipa y jugando al ajedrez, la doña lavando en la tabal, los nenes haciendo la tarea; ¡era un loft gigante! Todos los ambientes divididos por sábanas.
- Eh, eh, perdón… ¿no encontraron un celular? Se me cayó el domingo en el partido.
Creo que ni siquiera me contestaron. Alguno me movió la cabeza para ambos lados.
- Pe… Perdón –y cerré la puerta tratando de no hacer más ruido.
Ya sin ganas y totalmente resignado continué la búsqueda unos minutos más. Charlé con los albañiles, les conté más o menos cómo se me había caído y me fui como vine, con las manos en los bolsillos, pateando piedras y papelitos, y con la inaprensible sensación de encontrar vida en lo que supo ser un club, hoy una empresa. Mientras siga viviendo esa gente allí, Belgrano como club, barrio, forma de vida y lazo social no está muerto, para nada. O por lo menos ese es mi deseo.



"Brujería, hice Bru-je-ría" (Los Tipitos)

El jueves 28 de mayo teníamos un partido de esos que los cassettes califican como “finales”. Jugábamos contra Atlético Rafaela, que venía cuarto un punto atrás de nosotros. Podríamos decir que era el partido a ganar para asegurarse, por lo menos, un lugar en esa puta promoción.
Todo venía encarrilado. El primer tiempo había sido malísimo, horrible, más aburrido que película china doblada al español. Nos juntamos con el Fede y lo llamamos por teléfono al Martín ya que él no había podido ir por trabajo (igual lo tildamos de “putazo”) Apenas comenzó el segundo tiempo sucedió algo inesperado: gol de Rafaela. ¿Qué hacer? ¿Cómo seguir? Si Belgrano no daba vuelta un resultado hacía como dos años. Ni de local ni de visitante ni de neutral ni de nada. Un gol en contra y ya estaba todo perdido.
Los minutos transcurrían y la camisa parecía no tener respuestas. Los nuestros no daban dos pases seguidos y el único recurso era bartolear la pelota para arriba. El partido empezaba a morirse y en una de esas aproximaciones ganamos un corner. Medio ebrio como estaba detecté un movimiento de Váquez, el 10, que desconcertó a la defensa de Rafaela. Amagó con buscar el pase corto pero en realidad fue a buscar la pelota para ser él el que tirara el corner. Ahí fue cuando dije en un volumen de voz apreciable:
“CREO QUE SE VIENE EL GOL DE BERZA”.
(Y acá tengo que contextualizar un poco, sino no se va a entender nada. Marcelo Berza es, quizás, el peor jugador de la historia. Un muerto, amargo, pecho frío, un atado, uno que nación con los pies cruzados, un becado, un tipo con suerte… nuestro defensor central. Tiene un historial importante de errores groseros que, encima, nos costaron los partidos. La gente se encargó de silbarlo y putearlo partido tras partido. Así y todo el guaso nunca dejó de ser titular. Era uno de esos casos en los que uno realmente sentía eso de que “hasta yo juego mejor”)
Vázquez pateó el corner, Novaretti la peinó y otro jugador celeste la empujó a la red. Delirio total en las tribunas. Avalanchas, abrazos con extraños conocidos, grito interminable de gol. El plus de toda esa excitación vino cuando todos empezaron a darse cuenta que ese jugador que venía con el puño levantado terminando de festejar su gol era, nada más y nada menos, que Marcelo “el peor de todos” Berza. El gringo Fede me miraba, totalmente drogado, eufórico, con una sonrisa de piano y me gritaba “¡lo hizo Berza, culiado, Berza!”. Y después todos los que estaban cinco metros a mi alrededor empezaron a abrazarme. Y los que estaban a diez metros alrededor miraban para donde estaba yo, conmocionados por ver los abrazos que recibía, y preguntaban “¡¿qué pasó, qué pasó?!” Y otro que respondía: “el flaco dijo que Berza iba a meter el gol”. Lo sentí propio, o sea que EL GOL FUE MÍO. Lo lamento Berza.
Pero eso no fue todo. Cuando el partido entraba en coma 4 Belgrano resucitó, tuvo un flash, una chispa, un despertar y se acordó de su historia. No sé quién hizo un intento de jugada, alguien dio un pase, otro la dejo pasar y Vázquez apareció con la pelota, avanzó, avanzó y ¡tuc! Pateó………….. y ¡Gol! ¡Goooooooooooooooooooooooooollllllll! Y todos rodando por los escalones. Avalancha interminable. Marea de personas abrazadas. Volábamos los negros para todos lados. No entendíamos nada. En cinco minutos habíamos dado vuelta un partido. Una cosa de locos. Después todos ayudando a levantar a los caídos, tapados los cuerpos por más cuerpos; algunos seguían abrazándose, gritando ¡gol carajo, gol! con el poquito de aire que les quedaba.
En aquel momento escribí una crónica un cacho más seria (no mucho más). Es esta. Y así le ganamos a los muertos de Rafaela. Es verdad, son muy pechos fríos, siempre les dan vuelta los partidos y el que perdieron el fin de semana pasado con Gimnasia lo demuestra.

"Gloriosas" desgracias y anunciados descensos

El penúltimo partido del campeonato fue de local contra Defensa y Justicia. Un equipo chico, pequeñísimo, un partido ganable por donde se lo mire. Estaba la camisa, el pantalón y las zapatillas (lo imprescindible) estaban también el Fede, el Cardo y Nico, otro gran hincha pirata que vive en Salta y vino especialmente para ir a la cancha. El asado se lo comieron ellos porque yo no podía, por la simple razón de celebrar un nuevo aniversario de nacimiento y por la visita de mi hermana que venía de España.
Creo que ahí fallamos en varias cosas. Uno: no comieron mollejas en el asado, lo cual fue un error garrafal. Dos: la presencia del Nico en la cancha fue un factor desequilibrante. Rompió todo el orden que tenía la cábala. Tres: estas dos situaciones exigieron a más no poder a la camisa. No es recomendable empujar los límites de una cábala. Mirá lo que le pasó al titanic. …. (?)
El primer tiempo terminó cero a cero. Un par de goles errados por Cuevas, otro de Bustos y nada más. Las novedades las traía la radio. Goles de Los Andes, muchos, que mandaban a Talleres al Argentino A. Instituto también hacía lo suyo: arrugaba de local contra Tiro Federal y empezaba a despedirse de las chances de jugar la otra promoción. Córdoba: un desastre por todos lados. Me fui triste de la cancha porque yo quería ganar y el poder de las cábalas entraba en una curva descendente. La mayoría festejaba, merecidamente, el hundimiento de Talleres. En aquel momento escribí esto.
La última fecha fue de visitantes contra All Boys. Perdimos pero nos ayudaron, como tantas veces, los resultados de las otras canchas. Instituto se quedó afuera de todo definitivamente y nosotros quedamos en el cuarto puesto (Atlético “siempre me dan vuelta los partidos” Rafaela terminó tercero). Me enojé mucho aquel día y me salió esta crónica violenta. A pesar de todo llegamos a la promoción por un lugar en primera división contra Rosario “sin aliento” Central.

Partido de ida: Estadio "Julio César Villagra" (Gigante de Alberdi)



Nos juntamos en mi casa temprano, a las 11 de la mañana. Tuve que recorrer algunas carnicerías porque no conseguía mollejas pero finalmente pude comprar las achuras salvadoras. La jornada prometía fiesta. El equipo no invitaba a nada y eso era, justamente, lo que más nos hacía ilusionar: ir de punto. Belgrano siempre sorprendía y sacaba pecho en las difíciles.
Tomamos una botella de fernet y salimos para la cancha cantando, con la bandera atada al parabrisas trasero. Había olor a alegría. Se veía en la gente una confianza de fiesta, de hazaña. Ya no importaba nada, ni los partidos perdidos, el mal juego, la falta de fútbol, los goles errados por Bustos durante todo el año, la presencia de Marcelo “el peor de todos” Berza, ni la ausencia del mejor jugador durante todo el torneo: Novaretti. Nunca se van a saber las verdaderas razones de su alejamiento pero lo concreto fue que nos cagó y no jugó los partidos finales. Después vienen las palabras.
Llevé una caja de resmas llena de diarios (todos los ejemplares gratis que acumulé en los meses en los que trabajé en La Voz) y los repartí cual si fuera canillita en la eterna cola para entrar al estadio. El Fede hizo lo suyo y se extravió en la tribuna durante el primer tiempo. Martín, la camisa y yo entramos a la cancha y nos paramos en el lugar de siempre. El recibimiento al equipo fue hermoso, digno de la instancia que estábamos jugando. A Central le dimos la “lateral”; una tribuna de mierda que ni siquiera tiene paraavalanchas. Así que si vino la barra de Central, yo ni me enteré. Que se caguen por putos.
Para delirio de mis ojos Belgrano jugó el mejor primer tiempo del año. Los jugadores celestes agarraban la pelota y tocaban. ¡Daban pases! A veces levantaban la cabeza y trataban de armar jugadas. No se podía creer. Tuvimos varias situaciones de gol que Claudio “me erré el gol de mi vida” Bustos no pudo concretar. El primer tiempo terminó en cero. Mejor, pensaba, todo sigue en rieles.
Arrancó el segundo y ahí nomás nos clavaron un gol. Jesús Méndez agarró un rebote, cerró los ojos y la clavó desde afuera del área al ángulo izquierdo de Olave. Algunos dijeron golazo, yo prefiero decir que se la sacó de encima y que no la vuelve a meter más. Lamentablemente, con esa primera vez bastó para que Central ganara el partido. Después Berza se hizo expulsar (¿vieron lo que les decía, vieron?) y todo se hizo cuesta arriba. Así y todo erramos chances claras de gol y nos quedamos con un partido bien jugado y con cero goles a favor.
No había tiempo para lamentarse, teníamos que prepararnos para viajar a Rosario, ciudad conocida por el monumento a la Bandera, el río Parana y los deliciosos gatos a la parrilla (la chicana preferida de los cordobeses para los rosarinos).


Partido de vuelta: Estadio Gigante "me lo remodelaron los milicos" de Arroyito



Al día siguiente del partido se empezaban a vender las entradas para el partido de vuelta. La gente salió de la cancha, buscó abrigo y se fue a hacer la cola. Yo no. Yo dormí hasta el mediodía, golpeado por la depresión post partido y fuimos hasta las vacías boleterías.
- ¿Te quedan entradas maestro?
El maestro se nos cagó de risa.
- Plateas. Salen $150.
- ¡$150! ¡Están locos!
- ¿Y qué querés? Ustedes vienen a cualquier hora.
Tenía razón el boletero.
Hicimos diez metros e intentamos con la reventa, bajo la atenta mirada del policía.
- Te la dejo a $120 la popular –nos dijo un gordo sin mirarnos a los ojos, masticando un chicle ya sin gusto.
- Bueeeeno, gracias.
Y nos fuimos.
Agarramos la moto y partimos para lo del “Loco” Tito, el jefe de la barra de Belgrano. Llegamos y había una “guardia” importante de personas. Unos 15 guasos, con sus respectivas 15 motos, estaban en la puerta de la casa. Sentados, al pedo, esperando no sé qué. Nos sumamos a la espera.
A los quince minutos salió el Tito.
- ¿Qué quieren?
- ¿Cuánto sale viajar?
- $200 con entrada. Los colectivos son Urquiza, doble piso y coches semicama.
- Uh, buenísimo ¿Te podemos dejar señados dos?
- Imposible. Y apurensé porque quedan pocos.
Partimos de vuelta con la moto a buscar la plata. Cruzamos un pedazo de Córdoba dos veces. Volvimos.
- Tito.
- ¿Consiguieron?
- Sí, sí. ¿Che, yo viajo siempre, no hay algún descuento? –intentó negociar el Andrés.
- Mirá, si viene mi vieja y se me arrodilla, le cobro $200, como a ustedes. Ayer estuve hasta las 6 de la mañana tratando de sacar a 80 guasos de Central que cayeron en cana.
- ¿Por?
- Y, lo de siempre, portación de armas, merca, porro.
- ¿Y los sacaste a todos?
- No, quedaron 3 o 4. Esos tenían dos chumbos y como 40gr de merca y encima quisieron coimear a los canas. No pude hacer nada. El resto ya salió; tuve que ponerles mis abogados pa que pudieran volverse a Rosario.
- ¿Y porqué los ayudaste?
- Son códigos, pibe. Si yo voy allá y caigo en cana, ellos van a ir y me van a sacar. Los quilombos entre las hinchadas son una cosa, pero cuando caes en cana tenés que ir a sacarlos, así sean de Talleres, Boca o Central. No importa. ¿Me entendés?
Dijimos que sí, aunque no entendí muy bien esa cosa de los códigos y me puse a pensar quién me sacaría a mí si llegara a caer en cana. Antes de irnos nos pidieron que fuéramos puntuales: “estén ahí a las 6.30 para salir a las 7 ¿entendieron?”. La caravana de colectivos partió desde la cancha a las 10 de la mañana. Yo vestía con un pantalón marrón, zapatillas y camisa a cuadros. El último esfuerzo de la cábala.
Todas las ilusiones iban en fila india. El viaje fue muy entretenido. Todos los borrachos querían contar su anécdota, su jugador preferido, el mejor gol que vieron, el partido inolvidable y los pedazos de vida que los colores les daban.
Puedo decir con seguridad que no conozco Rosario. La policía nos frenó a la entrada de la ciudad e hizo bajar a todos los negros de los colectivos. Revisaron los coches, incautaron pirotecnia y el poco alcohol que quedaba. La gente, muy previsora, se había encargado de tomar todo antes. Después nos subieron y nos escoltaron hasta el estadio como si fuéramos presidentes o algún preso de máxima seguridad.
De la policía de Rosario puedo decir que certifican el dicho popular: son más violentos que la mierda. Pero quiero felicitar al tipo de recursos humanos: la mayoría de las canas mujeres están todas muy buenas. Flaquitas, arregladas, con el pelo suelto. Yo, la verdad que las veía más para película porno que para correr a los delincuentes (que en este caso éramos nosotros, o por lo menos así fuimos tratados durante toda nuestra estadía).
Cuando el bondi circulaba por la ciudad me di cuenta que nadie nos quería. Todos nos pedían que le chupáramos la poronga haciendo alusivas señas, agarrándose el área genital e inclinando levemente el cuerpo hacia atrás. También, uno podía leerles los labios a la gente y creo que alguno nos dijo putos. Éramos demasiado visitantes. Los de Central nos puteaban por ley y los de Ñuls porque nos une una historia de desencuentros, balas de goma, piedras y butacas volando de un lado para el otro. En síntesis: los de Newell’s son unos putos y los de Central también. Y ya que estamos, putos los de Tiro Federal y Central Córdoba. Como para que no se sientan relegados.
Fue hermoso llegar al estadio y ver tanto color celeste aplacando ese horrible azul y amarillo. Igual debo admitir que Central abraza a mucha gente, que en las afueras del estadio está todo pintado con sus colores, que es una institución grande con mucha historia y que a pesar de todo eso son unos amargos. Pero una cosa es una cosa y otra es otra.
Entramos a la cancha unos minutos antes de que salieran los equipos. Nuestro recibimiento fue emotivo pero poco colorido porque nadie pudo entrar papeles, serpentinas, bengalas, petardos ni nada de fiesta. A la policía le encanta reprimir todo eso. Igual, volaron algunos papeles y creo que lloré.
Del partido puedo decir lo que ya se dijo. Belgrano se paró de igual a igual. Que jugó mejor que Central en el tramo final. Que la alegría del gol nos duró 35 segundos. Que los putos estos nos ganaron la serie porque son de primera y no hay con qué darle. Pudimos ganar porque jugamos mejor ambos partidos pero los guasos pelaron la categoría, manifestada en un ocote enorme. Todos nos fuimos con la cabeza levantada.
La yuta nos sacó corriendo del estadio. De pedo pudimos comprar un choripan. La gente corría desesperada tratando de encontrar su colectivo porque los canas venían con sus bastones golpeando los escudos y los hinchas. Arrancamos y nos fuimos.
Saliendo de la ciudad nos tiraron unas piedras que impactaron en mi ventanilla. Por suerte no se rompió. ¡Hace falta más que eso para intimidarme!
Muchas cosas quedaron afuera en todos estos párrafos pero traté de no censurar los recuerdos. Me alegraría muchísimo saber si alguno llegó hasta este renglón. Un abrazo grande para él, sea del color que sea.

23 comentarios:

maxipe dijo...

Siendo de los colores opuestos a los tuyos (y no hablo de la escala cromática), llegué al último renglón. Y cada vez estoy más convencido de que no importan esos colores que uno lleve, los sentimientos no difieren. Ni los propios, ni los dedicados a la contra. Por eso me siento tan identificado con este texto, escrito por un puto de la contra.

Un abrazo enorme Gringo, si me das permiso lo publico en El Diario del Lunes (ya que nunca te hiciste la cuenta vos, je).

maxipe dijo...

Siendo de los colores opuestos a los tuyos (y no hablo de la escala cromática), llegué al último renglón. Y cada vez estoy más convencido de que no importan esos colores que uno lleve, los sentimientos no difieren. Ni los propios, ni los dedicados a la contra. Por eso me siento tan identificado con este texto, escrito por un puto de la contra.

Un abrazo enorme Gringo, si me das permiso lo publico en El Diario del Lunes (ya que nunca te hiciste la cuenta vos, je).

Gringo dijo...

Publique, putomaxidelacontra, publique! Todo lo leído aquí es propiedad del lector.
Un abrazo! y gracias!

Lucas José dijo...

Muy bueno gringo.
Llegue hasta el ultimo reglon, somos dos.
Esta bueno...hacia mucho que no entraba porque te colgaste con dengue y eso molesta puto.
Mas alla de todo te banco perra fiestera.
Un abrazo

diego dijo...

el sentimiento que me despertó leer esta gran crónica, es el mismo que me ha despertado cuando he leído otras cosas tuyas y es el de algún día poder hacer un programa de radio con estos relatos, te mando un abrazo
(confiezo sentirme tremendamente envidioso de su cultura tan arraigada a un barrio y una historia, creo que si en la boutique hacen un shopping, jardín espinosa sale a brindar y tirar fuegos artificiales)

el astrólogo dijo...

gringo... tres datos fácticos... uno... sos grosso... sabélo...escribís bien y llegás al climax del entendimiento de la cosas... dos... a veces tenés la cuota extra de fantasía e idealización necesaria para hacer de lo cotidiano grandes historias... y tres... "200.000 negros" "nos tratqron como delincuentes"... comprendo tu cariñosa empatía con tus pares hinchas... pero por si no te diste cuenta te lo cuento... como rubio qe sos y canadiense sos adoptado en ese grupo tan homogéneo... seguí y trascendé esto papá

Martin dijo...

Hermano, qué decir. Cómo pone ud en palabras tanto latir. Faaa.
Me hizo sentir parte de cada oración y de cada grito. Ya no veo las horas que se largue de nuevo para estar otra vez ahí, como siempre, alentando y dejando el corazón. Gracias por semejante relato, por semejantes momentos vividos. Abrazo.


Pd1: Propongo que nos comamo un asadaso con el objetivo de trazar una nueva y superadora cábala; que además de mollejas, caravana, ferné y todo eso pueda empezar uno o dos días antes. Lo charlamo. Y si vas a usar otra camisita, que sea por lo menos celeste, y no a lunares o con elefantitos ya que en el medio de una popular queda medio flojo.

Pd2: también propongo que otorguemos una futbolera sepultura a La Camisa en el próximo partido, dejándola en lo más alto del alambre con una inscripción que diga: Sólo para entendidos y, (más chiquito) Berza muerto no volvái.

Anónimo dijo...

Muy bueno Angel, llegue al final, en este domingo aburrido y triste me sacaste una sonrisa. Saludos

Activa Nipona dijo...

sí, lo leí todo, lo leí todito todo. me serví un vaso de vino (que sobró de la despedida de josefina) y me senté con cigarrilos al lado y ...

1. qué asco tu camisa. espero nunca saber cuál es.
2. también espero que ese Bustos no sea pariente mío (ni te cuento de lo feliz que me siento de que a Berza ni lo conozco)
3. cerca Rosario siempre estuvo cerca y los canas son canas acá y en todos lados (sólo corroboro la hipótesis que todxs tenemos acerca del tema)
4. que las chicas policías acá no usen rodete sería una buena idea. tanto pelo amontonado les debe hacer muy mal. (¿un tipo de recursos humanos decide si las canas en rosario usan pelo suelto? faaa!)
5. ya basta con lo de "putos" que en verdad van a empezar a pensar que tenés problemitas con a comunidad homosexual (jajajaja!)

he dicho. en definitiva, me gustó...pero el fútbo, no creo que me llegue nunca al alma. ni siquiera un pedacito de lo que sentís vos.

te odio, la sil

Gringo dijo...

Alonso: gracia'. Ya retomé lo del dengue. Es que tanto frío me hizo olvidar las picaduras de mosquitos.

Diego: me encanta caminar por Alberdi los días de partido. Me emociona mucho. Y sí, querría hacer un programín de radio. Cuando gustes. Lo de la Boutique es raro porque está clavada en la frontera entre un barrio muy rico y tradicional y otros más populares. Creo que la gente con plata aborrece la masa, la multitud, es por eso que estarían chochos de tirar abajo la cancha.

Astrólogo: ya te lo dije en la cara.

Cardo: la camisa me gusta. No la puedo quemar. Prometo arrancar el año con una camiseta celeste. Un abrazo y gracias por todos los momentos.

Anónimo: bueno, se agradece. Me alegro de haberte alegrado un domingo frío y sin pelota. Me dijiste Angel, así que asumo que sos de por aquellos lados.

Sil: yo también te odio, puto! Nos vemo el miércoles.

Anónimo dijo...

Al final entendí la estrategia: lloraste como trola con esas estadisicas-truchas...es evidente que ya se superó ampliamente el 5,5%. Lo leí y tbn los pelados, anda con tu estrategia "PRO" a otra parte.
Si, están buenos los escritos, pero basta de Belgrano -ahi tenés para otra estadistica-
Saludos
Martin

Camporeale dijo...

Hola Gringo, se ve que realmente estabas con ganas de escribir...

Te digo la verdad, leer tus cronicas deportivas realmente me da un poco de envidia, siempre es estimulante ver pasion en las palabras de alguien, de cualquier manera intuyo que no viene sin una gran cuota de resignacion y tristeza, el deporte ya no es lo que era en epocas en las que nosotros no viviamos y para nuestra desgracia no va a volver a serlo.

Siga escribiendo amigo, que aunque en el futbol no existan los merecimientos a veces (y repito: a veces) ganan quienes mas y mejor lo buscan. Brindo por que eso suceda mas seguido para que en sus historias haya un poco mas de alegria.(aunque eso les quitaria un poco de encanto, no te parece?)

Saludos.

P.D: Rosario es muy linda. Estuve el fin de semana del partido ahi y si algun dia tenes la posibilidad de quedarte un rato mas, te lo recomiendo.

Guadalupe dijo...

Pese a estar un poco enojada con el fútbol desde que despedí la bombonera con lágrimas en los ojos tras quedar afuera de la libertadores... he leído el texto.
Me detengo en la familia, abajo de la cancha... es como encontrar una ciudad de hormiguitas abajo de la cama o qué?
Decime que es broma, por favor.

El nachito dijo...

definitivamente hay que tener creatividad y talento literario para escribir algo tan apasionado sobre belgrano!
sos bueno gringo, imaginate si algún día belgrano juega bien al fútbol... lo que podes escribir no tiene limites!!!
Sinceramente, me gusta como escribís!

Gringo dijo...

Martín: gilazo!

Camporeale: Seguiré escribiendo. Me gustaría conocer Rosario. Pero creo que a ellos no les gusta mucho nuestra tonada, a vos cómo te fue?

Guada: no es broma. Boca tiene muchas Libertadores... (sé que ese consuelo es totalmente ridículo, pero ...¿¡qué queda para nosotros, el resto?! Nos acostumbramos a vivir de miguitas de orgullo y toneladas de frustración... Igual, nos las arreglamos para ser felices)

Nacho: gracias, primo. Sos mejor que el traidor de tu hermano que nunca lee lo que le paso. ¿Viste que vos sos mi primo favorito?
Sueño constantemente con once camisetas celestes pasando la pelota al ras del piso y dibujando un gol tan lindo que no alcanzarían palabras para (de)escribirlo. Abrazo!

Anónimo dijo...

Gringo, formo parte del 5.5.
Estoy felíz.
Me imagino el Andres regateando con el loco tito.
Increible la historia de la familia que vive debajo de la popular.
Algún día quiero acompañarte a la cancha y disfrutar el asado anterior si la cabala lo permite.
Espero que no importe que soy de River.
Conseguime la final de Gaudio/Coria Roland Garros 2004.
No aseguro asistencia para el miercoles, te aviso.
cambio y fuera.

abrazo
alberto rm

Sergio Muzzio dijo...

Largo como esperanza e' pobre...pero muy interesante. Voy por la parte que encontraste una familia viviendo abajo de la tribuna. Comento y sigo leyendo: ¿Y quiénes eran los de esa familia? ¿Se puede averiguar? Debe haber una historia jugosísima atrás de eso.
Sigo leyendo...

fulano/martínvillarroel dijo...

Sos un culiado.



Aclarado esto, sigo con mi comentario. Tus crónicas de fútbol tienen cada vez más color, olor y sabor, eso me gusta. Me quedo un poco afuera porque no solo no entiendo una mierda del balonpié sino que no tengo memoria de fechas, ni de nombres, ni de goles. Lo más probable es que me olvide del partido minutos después de finalizado. Así y todo lográs emoción. Y lo que más aplaudo es la campaña que estás haciendo, mirá: diecisiete comentarios... Un abrazo loco.
Salú.

pd: Yo me prendo en una futura cábala, con asado (morrones, papas y cebollas asadas) y ferné. Después vemos si es antes de algún partido o no.

Fede dijo...

Así fue el campionato!!! Exactamente así!
Te sumo una más a ver si me la acuerdo (no me acuerdo porqué no me acuerdo bien de los partidos). Belgrano contra San Martín de San Juan, siestita de sol a cielo bien celeste y con una remolinada de viento alrededor del gigante. Partido de mierda como para variar y la gente que alentaba como mirándose a sí misma. Estrenábamos trapito, uno que violaba ese decreto del metro por metro no más. Toda la popular cubierta de tela y el escudo en el medio! Segundo tiempo, tiro libre a unos 4 ó 5 metros fuera del área y Mansanelli preparaba la derecha para darle al arco. Visionarios, los de la punta de la popu empiezan a bajar la bandera prediciendo. Veíamos venir el trapo y solo pedimos mirar el gol antes que nos tape. GOL! Y nos pasó la bandera filtrando el sol en matices celestes. El viento izó la tela y partículas denoséqué empezaron a flotar en el aire. La siesta infló un estado onírico de somnolencia. "vos lo estás viendo como una película" me dijiste. Y sí gringo.

Gringo dijo...

Fue así, Fede, fue así!!! Me acuerdo el gol del "hacha"!!! Tuve que buscar en archivo porque pensé que el gol lo había hecho contra Quilmes; pero no, vos tenías razón, fue contra los sanjuaninos. Y lo de la bandera fue glorioso, hermoso!!!
Un abrazo "gigante".

Fulano: nunca se le va a negar ni asiento ni cubiertos pal próximo asado.

Sergio: quiero ir un día de estos a charlar con esa gente de la tribuna...., quiero ir. El día que suceda serás el primero en entrerarte.

hoyaprendi dijo...

Lindo , lindo como siempre. Que buen texto , recien ahora termino de leerlo todo.

Vamos por parte, muy bueno el intervalo en el medio , ya me estaban quemando los bifes que habia puesto en la plancha.

Lo de Rafaela, es inexplicable. Realmente brujeria es un titulo que acompaña muy bien , y yo tambien estuve trabajando ese dia y no pudo ir (no soy nungun putaso), pero vi gran parte en el bar de la esquina cuando se podia. No vi los goles en ese momento, pero como los grite cuando en la oficina el relator perdia la voz. La verdad no lo podia creer, minutos antes por tele no paraban los pelotasos y habiamos hecho dos goles en minutos.

Y contra Rosario, no hay mas que decir , me extraño ver jugar tan bien a nuestro equipo. No me fui contento de la cancha porque perdimos , pero satisfecho por lo que habiamos puesto.

Gracias Gringo por estos textos.

José

Anónimo dijo...

Hola viejo te comentoo q yo tambien llege hasta el final, si aunq no lo creas lei esto q escribiste hace varios meses atras.
Muy lindo , emocionante y gracisos tambien.
A pesar de tener 18 años lo amo a Belgrano especialmente su mistica, pasion o cultura cmo quieras llamarle.
Cada lugar q nombras me llevaba hasta ahii.
Esas anecdotas !!! jaaa q grande.
Buenoo sin mas q decir, (salvo este comentario q me impresino : -confiezo sentirme tremendamente envidioso de su cultura tan arraigada a un barrio y una historia, creo que si en la boutique hacen un shopping, jardín espinosa sale a brindar y tirar fuegos artificiales- . La 1º q veo q lo reconozca uno de ´´esos´´ jaaaa), me despido.
Y q sigamos creciendo como lo estamos haciendo.
-Saludos PiratA.-

-Chulo.

Nacho dijo...

Excelente relato,llegue hasta el final y cada link, momento lo vivi como propio desde otro lado que no eran ustedes 3, eramos nosotros 3 ( bianchini, maxi y yo) espero que de aca al 2021 hacerme famoso en esos relatos, del campeonato de 2015...