domingo, mayo 02, 2010

Los locos archivos olvidados

Otro pedazo de cuento que nunca continué. Arranco este estracto de eso que jamás será concluido. A verrrr...



A Manuel Ituxberría, de chico le decían "manu". Hijo de dos anarquistas exagerados, manu creció en un suburbio de la ciudad, un barrio que se venía abajo junto con el país. Sus padres decidieron en un momento de éxtasis ideológico que no mandarían a su hijo a la escuela primaria, ya que el estado tiene como núcleo dominador del hombre a todo el aparato educativo. Y ellos no iban a dejar que los tentáculos de la represión le alienaran la cabeza a su pequeño con lógicas liberales, occidentales y cristianas.
Los vecinos advirtieron que manu deambulaba todo el día en la calle, y que sus pantalones estaban rotos y sucios. Tres viejas que se habían aburrido de barrer la vereda, consideraron que esto no podía ser, que el niño sufriría, que no es posible, que tiene que ir al colegio, que por favor alguien le parche esos pantalones al nene, que mi hijo no se va a juntar más con el tuyo. Los padres de manu escucharon todo el discurso de pseudo preocupación por el prójimo y los mandaron al carajo. "El chico va ser y hacer con su vida lo que le plazca". Con tajo en la cara y orgullo tirado al piso, las viejas se fueron hasta la policía a denunciar maltrato infantil, abuso de menores, falta de responsabilidad paterna, veredas sucias, y mal aspecto. Los canas, con tal de sacarse a las viejas de encima, hablaron con un juez de menores. Amenazaron a los anarquistas con quitarles a manu si no lo mandaban al colegio, cosían esos pantalones negros, y barrían la vereda. Manuel en un reformatorio hubiera sido un triunfo de la hegemonía que ostentaba el poder. Resignados, Manuel Ituxberría, empezó el primer grado a los ocho años de edad.
Manuel, igualmente, no corría con desventaja: ya sabía sumar, restar y hacer multiplicaciones simples. Desde los cuatro años había empezado a agarrar los libros. Recitaba en voz alta los "Anarquistas Expropiadores", de Osvaldo Bayer, para delirio de sus padres. El chico no entendía nada, pero el hábito de lectura se hizo cada día más intenso y profundo.
Cuando estaba en 3er grado le dijo a la señorita que era una mentirosa, que a los nenes no los trae ni una cigüeña de París, ni vienen en un repollo, ni nada de eso, que las relaciones sexuales entre el hombre y la mujer son algo hermoso, que le daba bronca escuchar semejantes mentiras de la boca de la que se supone es la que les tendría que enseñar la verdad, que no iba a venir más a clases hasta que las cosas no fueran claras, y que los compañeros merecían saber la verdad y no mentiras pintadas con crayones de colores. La Señorita Mirta Angioletti, llamó a la directora de inmediato. Ninguna de las dos oligofrénicas sabía qué carajo hacer con "este pendejo de mierda que nos está cagando la vida desde que entró al colegio". Llamar a los padres hubiera sido inútil. Hacerlo repetir de grado hubiera causado una mala impresión y un deterioro de la imagen del colegio; además, el pibe seguiría estando en el colegio. El problema (para las viejas) era que manu tenía excelentes notas, sus compañeros lo querían y lo respetaban (recordemos los años de más) y había logrado que varias Señoritas lo valoraran y hasta consiguió que algunas volvieran a los libros para capacitarse pedagógicamente: "cuando uno se dedica a la docencia tiene un arma fundamental en su poder, si esa arma cae en manos equivocadas, o se utiliza incorrectamente, el pueblo pierde su capacidad de lucha". Esta reflexión salió de la boca de Manuel Ituxberría a los doce años de edad.

4 comentarios:

princesaperonista dijo...

manuel ya tiene màs de 18? (sino me llevan presa)
pasame el celular y lo invito a tomar la nesquik
sin con 12 años decia esas cosas...

fulano/martínvillarroel dijo...

che boló, te traje un regalo del oriente, no es mucho pero quiero dártelo algún día...

Dibujos en el Piso dijo...

Jaja, coincido con PrincesaPeronista! (buen apodo, por cierto)
Yo a los doce podía llegar a reflexionar que Turbo era mejor que Rambo porque tenía el casco lanzamisiles...
O que el verdadero superpoder que tenía Batman era estar lleno de guita para comprar todos esos artificios extraños...
Te mando un abrazo

Luciana dijo...

Que pena! El cuento prometía....