viernes, mayo 25, 2012

El mejor George


Providencial pase de la efeméride que abre la jugada para recordar a un gran jugador, un personaje increíble dentro y fuera de la cancha. Hablamos, por supuesto, de George Best.
Nació en Irlanda del Norte, el 22 de mayo de 1946. Parece que de chico ya movía el balón bastante bien. Un reclutador del Manchester United llamado Jorge Griffa Bob Bischop tomó nota y le envió un mensaje de texto telegrama al entrenador Matt Busby con la frase: "te encontré un genio". Con 15 años, George Harrison se mudaba a Inglaterra para formar The Beatles empezar a escribir su historia. Armó un bolso, se despidió de los amigos de la cuadra y les dijo: "No voy a poder jugar el picado de las tres. Me voy al United". 

Hizo las inferiores y en 1963, a los 17 años, debutó en la primera de los Diablos Rojos y durante diez años sería uno de los mayores ídolos del club. En una época donde no había internet y videos de youtube consiguió, gracias a su extrema calidad con la pelota, hacerse conocido en todo el mundo. 



Best era zurdo pero manejaba muy bien ambos perfiles, lo cual le permitía tener un panorama de la cancha y de las posiciones de los jugadores, envidiable. Enfrentaba en el mano a mano a cualquiera, tenía un pique devastador y encima era goleador. Gambeteaba en una época de canchas con barro, en la que si te la pasabas de listo estaba permitida la guadaña a lo Krupoviesa. Es sorprende ver cómo el tipo dribleaba, sorteaba jugadores, patadas y tackles. Le tiraban a matar, lo golpeaban, trastabillaba, caía, se levantaba y seguía. Después capaz que intentaba pasar al arquero en vez de darle la pelota a un compañero que estaba mejor ubicado. A veces terminaban en golazos (muchas veces para ser franco) y otras… bueno, era George Best. 


El mismo reconocía su talento, su capacidad para tener el balón y no perderlo: "Siempre me vi como un entretenedor. Yo sabía que podía hacer cosas para que la multitud se levantara. Si había un rival que me tenía a mal traer, agarraba la pelota y lo llamaba, le pedía que viniera a marcarme, lo desafiaba y la gente se ponía como loca. Era todo un gran teatro".
Para Best la vida era eso, un teatro, una actuación, y hubo un momento en el que la realidad y la ficción se confundieron. Era un joven talentoso, con carisma y buena pinta en la Manchester de los años setenta. Un soltero suelto en una ciudad revolucionada. Las locuras que hacía en la cancha no eran nada comparadas a las que hacía de noche. Como tantos otros ingleses, George tenía una debilidad con el alcohol incontrolable: le requetecontra cagaba de gusto.  

                   Genio y figura de la noche

Su cara comenzó a aparecer más en las revistas de moda que en las de fútbol, transformándose lentamente en un Ogro Fabbiani pero con más facha y con muchísimo más talento. Mientras estuvo en buen nivel el club toleró sus exabruptos. El técnico del equipo, el legendario Matt Busby intentó de todas las maneras persuadir al joven de que abandonara ese estilo de vida pero fue imposible y el propio Best  lo reconoció: "El hizo todo lo posible. Me habló con calma, me gritó, me suspendió, me dijo ‘largá el escabio, pelotudo, vas a terminar en Defensores de Belgrano como Donkey Ortega’, me abrazó y me habló como a un hijo. El hizo todo pero el que podría haber hecho más era yo".  

Facherazo y jugadorazo... yo hubiera llevado la misma vida


Diez años estuvo en el Manchester United. Consiguió dos títulos de liga y la Copa de Campeones de Europa en 1968, ante el poderoso Benfica de Eusebio. En aquella final Best jugaría uno de los mejores partidos de su carrera, definiendo el pleito en tiempo suplementario y consiguiendo uno de los goles. Best jugaría también la final de la Intercontinental que perdieron 1 a 0 en Inglaterra ante el Estudiantes de La Plata de Osvaldo Zubledía, Verón, Pachamé y Carlos Salvador Bilardo (con quien tendría alguno que otro encuentro durante el partido), entre otros. Después de una década regando de magia el Old Trafford, los dirigentes le metieron un patadón en el culo y lo fletaron. Jugó su último partido en 1974. Tenía tan sólo 27 años.
Luego comenzó un declive penoso. Asumiendo su adicción al alcohol pero sin ponerle muchas pilas a dejar el escabio, deambuló por varios clubes de Estados Unidos, Inglaterra, Sudáfrica y de Irlanda del Norte, su tierra natal. En Estados Unidos la pasó bomba. Los gambeteaba a todos y salía de joda con todos esos jugadorazos como Pelé, Cruyff, Giorgio Chinaglia, Carlos Alberto, que fueron a llenarse de guita y a tomar merca en los setentas (a Beckenbauer no lo invitaban, por alemán botonazo de la FIFA). Se retiró en 1984 manchando mucho su prestigio. 

George junto a dos fiesteros que debutaron con pibes como Pelé y Elton John. 

Se podrían escribir largas páginas con su vida afuera de la cancha. Además, él mismo hacía gala de su pasión por la noche, regalando frases increíbles como: "He gastado mucho dinero en mujeres, alcohol y coches. El resto lo he despilfarrado". "Tenía una casa en la costa, pero para llegar a ella había que pasar por un bar. Nunca llegué a ver el mar". "En 1969 dejé las mujeres y el alcohol, fueron los peores veinte minutos de mi vida". "Pelé debutó con un pibe".  

Siempre estuvo con buenas minas o minas que estaban buenas

Hay algo que llama mucho la atención en este tipo de jugadores, en su procedencia, sus costumbres, su forma de jugar y en el amor incondicional de la gente. Corbatta, Housemann y Ortega, fueron el ejemplo argentino de un tipo de jugador, de cuna pobre, origen humilde, que les gusta/ba mucho el alcohol, que tropezaron muchas veces y que desplegaban un fútbol en la cancha que enamoraba hasta al plateísta más facho y silbador de cualquier cancha. ¿Cuál es el hilo conductor entre estas tres características? ¿Acaso ellos jugaban como vivían o vivían como jugaban? Estos tipos agarraban la pelota y parecían niños, gambeteaban constantemente, les gustaba tenerla, cuidarla, divertirse. En Brasil sobran los ejemplos, aunque quizás sea Garrincha quien represente a todos ellos y, en la actualidad, con diferentes matices, Ronaldinho.
El tiempo pasaba y George Best no le aflojaba al chupi. Se casó por segunda vez con una mina que estaba bastante buena y que intentó que dejara de tomar, que se hiciera tratar pero la situación era inmanejable. En los años siguientes, y quizás tardíamente, recibió varios homenajes en Irlanda y, por supuesto, en Manchester, donde hay una estatua de los tres grandes ídolos: Bobby Charlton, Dennis Law y él. La estatua los muestra abrazados, como si volvieran del festejo de un gol en el que el trío participó.
Finalmente, el 25 de noviembre del 2005, con tan sólo 59 años, su cuerpo dijo basta. Años y años de excesos le produjeron serios problemas en el hígado. En sus últimos momentos, consciente de lo que habían sido su vida, pidió que se publicara una foto de él en la camilla con la leyenda: "Don’t die like me" (no mueran como yo) 

Su funeral convocó a miles de personas en Belfast. En Inglaterra es ídolo y el dicho popular así lo dice: "Pelé, good. Maradona, better. George Best". Hasta la próxima. Abrazo de gol. 


Aquí dejo un documental que cuenta de dos partes. Está en inglés pero aquel que entienda un poquito el idioma va a poder disfrutar de unas buenas imágenes y testimonios sobre este grandísimo jugador. Click acá.

5 comentarios:

Memilia dijo...

La verdad no tengo la más remota idea de quién es este Sr., de hecho sólo podría identificar al Burrito Ortega en todo el relato... pero este estilo gringoreporteroderevistasdelcorazónfutbolísticas, me atrapa y entretiene tanto, que no puedo dejar de leer hasta el final.
Rescato el recurso de "tachar" la voz de la inconsciencia -ponele-.
Gringo, estás escribiendo casi que para minitas!!!
Un beso, puto!

Gringo dijo...

¿gracias?


¡Gracias, minitamemilia!

G. dijo...

Faaaaaa... parecía de 80 cuando estaba internado.
Elijo vivir despacito y bien, mejor.

Anónimo dijo...

te crees tan gracioso. seguro pensas que escribis bien tambien.

Catalina dijo...

ya no se como llegue aqui, usualmente no leo blogs de deportes pero este relato me atrapo!