lunes, octubre 06, 2008

Tristeza en Plaza Italia


Una imagen vieja. De fondo se ve el viejo y querido 32 pasando por la 27 de Abril.



Me gusta caminar por el centro de Córdoba. Buena suerte la mía ya que generalmente me empuja el deseo y no la urgencia de las responsabilidades. No soy una víctima del centro: no acudo al trabajo ahí, no lo sufro diariamente como otras personas, no tengo auto para quejarme del tránsito, no vivo por aquellos lados tampoco. Siempre descubro algo nuevo, soy un invitado, un turista local, un observador minucioso; camino lento aguantando los empujones de los que corren detrás de su rutina. Sin embargo no puedo evitar llenarme de una tristeza cuando recorro ciertos lugares.

La Plaza Italia está ubicada entre las calles 27 de Abril y Ayacucho, y por la Cañada. Fue diseñada por un arquitecto que me produce los enojos más exagerados. En este caso, la plaza no me parece tan fea. Tiene unas esculturas que no entiendo, una fuente, mucho cemento, algo de césped, y unos cuantos puestos de artesanos. Y, se supone, que vista desde arriba, tiene una forma. Como no tengo helicóptero, no me consta. Sobre Ayacucho la calle se vuelve peatonal y allí están los consulados de Italia (que le da el nombre a la plaza) y de Perú, un par de bares, y, para variar, edificios. Sobre la 27 pasan casi todos los colectivos de Córdoba y las veredas son angostas. Los árboles sobre la cañada le dan un lindo aspecto a la calle Figueroa Alcorta, y el sol se recorta sobre el cemento. Así y todo, consciente o inconscientemente, la tristeza me gana. A veces por goleada, otras veces por abandono.

Pesa sobre mí una terrible realidad: mi memoria. Puedo recordar con exactitud momentos de mi niñez, situaciones enteras, y sensaciones. Soy de los que reconstruyen los lugares y las anécdotas. Puedo decir de cuándo es esa foto, quién la sacó y porqué me estaba riendo de esa manera. Recuerdo los goles, las jugadas previas, el resultado final y alguna otra nota de color. Para un parcial saco de la galera la imagen fotográfica de un pedazo del apunte, la nota al pie, o el epígrafe de la foto. Canto las canciones en su debido orden con estrofa, estrofa, estribillo, estrofa y estribillo final. Todo eso y más. Y el problema es eso, el “y más”. Ya que la cabeza tiene un dispositivo brillante por el cual borra ciertas cosas y nos deja seguir con nuestras vidas como si nada pasara, los instantes tristes de mi vida vuelven con más fuerza, con el mismo envión con el cual los ignoramos.

Es por eso que ayer, mientras caminaba por Caseros, empecé a sentir esa tristeza a cuenta gotas que me borró la sonrisa. Creo que nunca me senté en esa plaza, nunca tomé mates, nunca me detuve a charlar con nadie, nunca nada. Pero, vaya a saber porqué, fue en ese lugar, un día de marzo, en el que me bajé de un barco por ese miedo estúpido a que se hundiera. Miro el césped y me veo huyendo. Agacho la cabeza y sigo caminando. Me toma unas cuadras más recuperar algo del ánimo perdido. Me pido un sándwich de milanesas con una coca en el puesto de lata, me siento sobre la cañada y simulo leer algo. Ya me sé de memoria como mentirme en esos casos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien Gringo... bien! Me gustó mucho en serio... no se de qué huías esa vez que decís, pero imagino que debe haber sido triste... huir siempre lo es, solo que uno a veces lo nota más tarde... bastante más tarde.

Te mando un abrazo

Anónimo dijo...

Si tenes duda de como se ve la plaza de arriba y como mencionaste no tenes helicoptero, entra al google earth y fijate.

Unknown dijo...

Lo malo de la memoria es que no solo nos pega en la razón sino en todo el cuerpo.
Me encanto Gringuito!!! Me gusta tu modo.


Tu Primo

Anónimo dijo...

creo saber de qué huias, creo conocerte mintiendote...me gusta leerte y ahora a la distancia me gustaría charlarnos un rato..cuando veo los lugares acá..los transformo auntomaticamente en recuerdos, es como que selecciono las cosas que van a ser recuerdos, tengo la cabecita loca esa que me hace entenderte cuando la memoria no nos deja equivocarnos las palabras exactas y en el correcto orden de la canción, por eso es que te voy a pedir me aprendas una canción y me ayudes a guardarla porque ya la elegi como recuerdo de acá y lo quiero vivir como tal cuando la toques y la cantemos...que locura perfectamente orquestada que tenemos a veces

Gringo dijo...

Gracias comentadores.
El primer "anónimo" lee seguido el blog y por primera vez me comenta algo. No se caracteriza por su expresividad.
El único primo que se llama Gonzalo no creo que lea el blog y tampoco me dice "gringuito". Exijo que alguien en la familia me explique la aparición de este nuevo integrante.

Un párrafo aparte para vos, que estás lejos pero bien cerca. Pronto, esperemos, hacemos esa canción.

Abrazo!