viernes, diciembre 07, 2007

¡Seguuuunda! (qué quilombo leer al verre)

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Esa tarde había salido temprano del trabajo. Mi jefe me dio una licencia por dos semanas y me mandó sin falta al odontólogo. Hacía ya tres años que trabaja en Arcor como catador de caramelos. Eso era toda una contradicción para mí. Una más que se sumaba a mis locuras cotidianas y a otras que arrastraba desde hacía mucho tiempo. Yo, el comprometido, el militante, el coherente, el que había laburado en la G.L.A.L (Golosinas libres para América Latina) durante tantos años en la facultad.
Mi vida había tenido momentos buenos y momentos muy malos. Cuando la paranoia atacaba a mi cabeza, el fútbol funcionaba como oasis. Yo iba a mi escalón de la tribuna, me prendía un pucho y me quedaba viendo la reserva. Al lado mío tenía una mujer hermosa, de fierro, una compañera inigualable. Pero había cosas que ella no podía entender y no era justo que la volviera loca con idioteces que no tenían nada que ver con nuestra relación.
En los momentos en que todo iba mal, el fútbol era mi río fresco en un día de calor. Ya sea jugando, mirando, yendo a la cancha, o leyendo. En fin, en todas sus vertientes. Cuando pasó lo de Arsenal, hace ya dos años y monedas, perdí mi oasis, ese abrazo necesario, esa mano que me frotaba la espalda, esa complicidad hermosa.
Hacía calor. En Córdoba el calor tiene su particularidad: es insoportable. Imagino que será así en todo el país. Los cincuenta grados en el norte, la humedad de Santa Fe, el asfalto de Buenos Aires. Me puse a caminar por el centro, buscando algún lugar donde sentarme tranquilo a fumar un cigarrillo, tomar algo fresco y pensar, seguramente, en todo lo que había hecho y desecho en ese día. Necesitaba un poquito de sombra. Las axilas desprendían un olor intenso y la transpiración era ya imposible de disimular.
En este año último había ido unas veces a la cancha, pero ya no era lo mismo. De aquel oasis de seguridad que me brindaba el fútbol, solo me quedaba una parte pequeñita. Ya casi no iba al Gigante de Alberdi a ver a Belgrano. Me mantenía informado de los resultados. Festejaba las victorias, pero siempre había excusas para mis amigos que aún continuaban yendo. Esa partecita que quedaba eran los chicos, los pibes, los nenes. A veces me pasaba horas mirando a los petisos jugar a la pelota con una inocencia total. Me volvía del trabajo, caminando. Alargaba un poco y pasaba al frente de un potrero donde siempre había alguien pateando. Me sentaba y los miraba. Me pasaba horas ahí. Los pibitos me ignoraban y seguían corriendo y gritando y jugando como siempre. Jugando. Ese verbo hermoso. Esa palabra que ya de grandes no usamos más. Porque crecer significa dejar de jugar, dejar de divertirse, dejar de joder. A esos nenes, nada de eso les importaba y movían la pelota con una sonrisa en la cara. A veces se agarraban a las piñas, pero a los cinco minutos ya eran todos amigos. Mirar esos partidos me hacía acordar a los partidos que jugábamos en mi barrio, en mi cuadra, en nuestro potrero. Con mi hermanos, con mis primos, con mis vecinos. Las zapatillas rotas y la felicidad plena.
Ubiqué el banco con más sombra en la Plaza de la Intendencia. Me desprendí la camisa y quedé en cuero. Me saqué los zapatos, las medias y me arremangué los pantalones. Ahora sí parecía un ciruja. Prendí un pucho y tomé un sorbo de coca cola. El sol picaba fuerte, pero la sombra y el viento pegando en mi transpiración me otorgaban una especie de satisfacción. Cerré los ojos un rato y empecé a imaginar, a recordar.

(continuará...)

4 comentarios:

Gringo dijo...

Acá va la segunda entrega. Un poco antes de los 7 días pautados originalmente, pero como vi que algunos se entusiasmaron (incluyéndome) decidí darle pa delante.
Abrazo a todos:

gringo

p.d: otro gol..., y de cabeza. Estoy afilado...

pequenia dijo...

y ya dan ganas de la próxima

Anónimo dijo...

Gringo! Cómo vas a cortar la pubicación justo cuando el chabón se pone a recordar? Venía leyendo de lo más expectante y paf! Bueno, habrá que esperar hasta la semana que viene, espero que siga tan bueno como hasta ahora
Abrazo

fulano/martínvillarroel dijo...

"Crecer significa dejar de jugar..." Si, estás afialdo loco...