sábado, diciembre 15, 2007

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No se si fueron minutos o segundos, pero sentía que había dormido. El sol se filtró por las hojas del árbol y me daba en el cachete izquierdo de la cara. Abrí los ojos y tuve que frotarme un largo rato para volver a distinguir los colores de la realidad. A simple vista todo parecía igual. Pero yo lo sentía diferente. ¿Me dormí?, pensaba. Miré el reloj y era una sola mancha de humedad. Habrá sido el calor o la transpiración, pero sin dudas no funcionaba más. No tenía idea alguna del tiempo que llevaba allí sentado. Para mí había sido un abrir y cerrar de ojos. Los árboles eran los mismos. La gente caminaba en la plaza, apurada, como siempre. Algunos valientes tomaban sol. Me di vuelta y el tráfico seguía igual; deshumanizado, veloz, fugaz, enojado, avasallador. Me sentía raro.
Puse mi mano sobre mi frente para hacerme visera y ver un poco más lejos. En la canchita de la plaza, unos pibes se disponían a iniciar un partido. Con este sol, estos están locos, pensé. Cuando me senté no recordaba haber visto a nadie con una pelota, y ahora parecía que ya había dos equipos.
El sol había cambiado de posición y la sombra de ese viejo árbol ya no me servía. Aproveché para cambiar de lugar y de paso me ubicaba cerquita de la cancha. El edificio que está en el medio de la plaza cubría un enrome espacio con una mancha de sombra. Me senté en el pasto esperando el comienzo del partido. Me di vuelta para ver el reloj del Palacio Seis de Julio de la Municipalidad. Pero se ve que estaba roto porque seguía marcando que faltaban 112 días para el año 2000. No sabía la hora y quería llegar temprano a casa para evitarme un reto de mi mujer. Los pibes empezaron a los gritos discutiendo quién sacaba.
Sentado en el palco preferencial, seguí escuchando las discusiones. Claramente había dos equipos. Unos tenían camisas blancas con corbata del Colegio Monserrat. Los otros, no tenían indumentaria. Algunos estaban en cuero. Otro tenía una remera roja. Un petiso usaba una remera de Talleres, con una propaganda en el pecho que decía Martí Intendente. Me causó gracia pensar en la presentación del encuentro: “Los de Camisa vs Los Descamisados.” Y era más o menos así.
Un petiso, que parecía pertenecer al grupo de los sin camisa, se me sentó al lado y me pidió un cigarrillo. No debía tener más de trece años. Se lo di y le ofrecí fuego. Me dijo que no y sacó una cajita de fósforos. Le pregunté por el partido y me contestó que los “chetos estos les habían hecho partido para definir una pica que viene de mucho tiempo atrás”. Me contó, además, que jugaban siempre, todas las semanas. No se si era por el sol, pero no me acordaba qué día era. Sabía que había ido a laburar, así que ni sábado ni domingo podían ser. Le pregunté al pibe y me dijo que no tenía idea, pero que estaba seguro de que estábamos en primavera.
Apagué mi último pucho en el césped y me recosté apoyando las dos palmas de mis manos en el pasto para sostenerme. El pibe me miró, tiró su cigarrillo que estaba a la mitad, e hizo lo mismo. Observé que la pelota estaba en el medio de la cancha y que los dos equipos estaban cada uno en sus respectivos arcos. Quizás preparando alguna estrategia. Quizás arengándose. Quizás planeando alguna patada. No lo sé. Se escucharon algunos gritos y todos se pusieron en sus posiciones. El saque le correspondió a los del Monserrat ya que aludieron que la pelota era de ellos y sino sacaban se la iban a llevar. El pibe de al lado mío me codeó y me dijo “siempre hacen lo mismo estos chetos.”

2 comentarios:

Agustin Agustin dijo...

Excelente blog gringo!

Agustin Agustin dijo...

Excelente blog gringo!